13 octubre, 2026

Las tías.

 

La casona estaba igual a como la recordaba, maltrecha pero en pie, como las personas que la habitan. No le quedó más remedio que ir debido a que corría con la responsabilidad de finiquitar todo lo concerniente a la venta del terreno y lo más difícil, mudar a los habitantes a un ancianato. Después de la visita de rigor, se levantó de la mecedora que gentilmente le ofrecieron para compartir un café y subió directamente al despacho del tío. Una inmensa biblioteca ocupaba casi todo el alto de la estructura. Comenzó a revisar los anaqueles, los legajos legales, los libros de diversos títulos, hasta que encontró una carpeta raída con hojas escritas a plumilla y aún legibles. Era la letra del tío Juancho, sin duda. Litigios, recibos y lo más asombroso, entre tantos papeles dió con unas cartas de amor. El tío, solterón empedernido tenía un amor, se dijo para si. La curiosidad lo invadió. Abrió varias ventanas y comenzó a leer los datos que no había venido a buscar. Amanda, se llamaba. Se conocieron en su juventud y por esas cosas de la vida, cuando el tío cogió el monte entre esas tantas revueltas fallidas que se daban en  contra de cualquiera que ostentara el poder, fue a dar a la cárcel y Amanda fue a dar a la cama de otro. ¡Vaya con el tío! dijo. Sacó el documento de la supuesta propiedad y volvió donde las tías, que lo aguardaban. Ahora viene lo más difícil, pensó. Convencer a mis tías para que abandonen la casa. Sus argumentaciones fueron vanas. Las damas a duras penas entendían o evitaban entender. Bien sabes, dijo tía Hortencia, que hemos estado aquí toda nuestra vida. Nunca nos casamos y atendimos a Juancho con devoción. Siempre supusimos, añadió Mercedes, que de aquí nos sacarían muertas, pero no en estas condiciones. Además, eso traerá un gran problema para el vecindario, algo que manchará nuestro nombre. ¡No podemos permitirlo! Tías queridas, yo no tengo más remedio que sacarlas. Prefiero hacerlo de buenas maneras y no por la fuerza, dijo tajantemente. ¿De ser así, a dónde iríamos?  Ya tengo reservado un sitio confortable, donde cubrirán todas sus necesidades y serán muy bien atendidas. Mijito, señaló nuevamente Hortencia, es que tú no sabes el problema que tendrás, si tumbas esta casa. No tengas apuro, sobrino. Esta vez habló Mercedes, ten un poco de paciencia y ya llegará el momento adecuado. No ahorita, eso será una gran calamidad. Tías, los apuros económicos y la oportunidad es ahorita, así que gústeles o no, se hará como yo digo. Tienen quince días para que recojan lo necesario y yo vendré a buscarlas, así sea por las malas. 

Las tías angustiadas se miraron. Cambiando de actitud, tomaron de la mano al sobrino y dijeron: ven, te vamos a enseñar algo. Es necesario que lo verifiques por tí mismo. Pasaron salas, habitaciones y finalmente llegaron a una reja alta que daba a un patio de tierra con varias cruces. ¿Qué significa esto. Tienen animales enterrados aquí? Ojalá fueran animales. ¿Lo que faltaba, se volvieron brujas? Casi, que sí, dijo Mercedes suspirando. Aquí yacen  hombres. Hombres que pelearon junto a Juancho. Hombres que atendimos cuando volvieron de la guerra, hombres que nos acompañaron y luego dieron por desaparecidos. Dime, sobrino, qué vas a hacer cuando comience la remoción de escombros...


Caracas, agosto 2026

27 agosto, 2025

Ir al teatro.


En Caracas tenemos dos teatros de prosapia, ambos ubicados en el centro de la capital y se los debemos uno al Presidente Guzmán Blanco, el Teatro Municipal de Caracas (1881) y el otro el Teatro Nacional de Venezuela (1904) a Cipriano Castro. Ambos de arquitectura afrancesada. El Nacional  tiene una preciosa marquesina y dentro un plafont  bellamente decorado con pinturas de Herrera Toro además, está ornado con esculturas de Cabré.  Ambos teatros, a través de los años han sido restaurados varias veces, con y sin aciertos y en varias oportunidades les han colocado nombres adicionales de personalidades artística.  En el caso del Municipal le volaron gran parte de su entrada a ras de la vía, donde solían llegar los vehículos a la misma puerta del teatro. Todo para dar paso a la construcción del Centro Simón Bolívar. Ahora, lo que nos ocupa, es que ambos teatros revivieron después de estar venidos a menos, en parte por la desidia oficial y en parte por la novelería del Teatro Teresa Carreño (1983). Para beneplácito de nosotros los capitalinos hoy están funcionando regularmente con espectáculos de alta calidad, tanto nacionales como internacionales. 

Volver al  Municipal como hice recientemente, fue revivir un montón de recuerdos entrañables. Me  llevaba mi padre (tenía allí dos butacas permanentemente reservadas) a ver ballets: teatro, ópera y conciertos. Luego, mantuve la tradición y muchas veces llevé a mis hijos. Después de  muchos años, entré al Municipal con cierto sentido reverencial. Recorrí sus pasillos, observé las hermosas lámparas y esculturas, unos cuadros de compositores famosos y un busto de Verdi.  Traté de subir a curiosear en los palcos pero me impidieron el acceso y tuve que  conformarme con la primera planta y la platea. También dentro del teatro y discretamente ubicado, instalaron un minibar donde se  puede desgastar champaña y vino. Sentada  en la platea viendo el interior de la sala me dió la sensación de no ser tan grande como lo apreciaba. Su decoración en  rojo y dorado demuestra un toque de lujo y distinción.  El telón de fondo igualmente es de color dorado con profusión de brocados. ¡Emociona sentir el sonido de la gran cortina al abrirse!  En el  centro del plafont cuelga el precioso chandelier de siempre. Hermoso verla con sus relucientes cristales.

Antes, cuando acudir a un teatro era un evento de alto coturno y para un grupo selecto,  se requería de una vestimenta de mucho cachet, acorde al evento. Con el correr de los años, afortunadamente, el acceso a estos recintos culturales se a democratizado y actualmente no se exige tanta etiqueta. Ahora los  jóvenes,  vestidos en jeans y zapatos deportivos asisten al más lujoso teatro.  Lo importante es que todos asistan y aprecien las actividades culturales sin importar el atuendo.


N.B. Tarea pendiente: ir al Teatro Nacional como otrora asistía a disfrutar las zarzuelas.



Caracas, agosto 2025

04 octubre, 2024

Francisco y su cordonazo.

 Hoy, nos referiremos a una tradición conmemorada en toda Latinoamèrica, que como casi todas ellas nos llegó de Europa. Me refiero al esperado "cordonazo de San Francisco". Este asunto es más o menos como sigue: Francisco de Asís, fue un tipo nacido por allá en el S.XII en la ciudad de Assisi, Italia. De ser una persona de alcurnia y vivir en la abundancia pasó a convertirse por voluntad propia, en un pobre de total mendicidad. Francisco, ferviente creyente seguidor de los Evangelios se convierte en monje y hastiado de la opulencia de la Iglesia Católica Apostólica Romana, se desvincula de ella. En 1209, conforma una modesta congregación con un pequeño grupo de discípulos y construyen una pequeña capilla La Porcíuncula. Con el correr del tiempo, llevando todas las de perder contra la poderosa iglesia constituida, Francisco nunca pasó de Diácono, la modesta congregación se transformó -no sé quién  cedió si el Vaticano o Francisco- fue santificado en 1228 y hasta nuestros días los Franciscanos existen y  un Papa se llama Francisco.

El nacimiento de Francisco fue un 4 de octubre. Se ha corroborado que en tal fecha llueve a cántaros, porque el santo desata su cordón del sayo y lo sacude con fuera contra las nubes para regar campos y  ciudades y de paso limpiar todas las impurezas mundanas. También me enteré, que marinero que se precie no se hace a la mar en esta fecha por temor a una tormenta. Otra cosa memorable que hizo Francisco, fue armar el primer pesebre de la historia (en italiano Pesepre), cosa ya habitual en nuestras navidades. En fin,  cierta  o no toda esta creencia el 4 de  octubre de que llueve, llueve...


Caracas, oct. 2024

15 septiembre, 2024

Si no hay leal no hay lopa.

Este dicho lo recordamos solamente los caraqueños de vieja data, y ya les voy a contar brevemente el porqué. Resulta que corría el año de 1947 cuando se abrió la entrada a los chinos en Venezuela, puesto que fue modificada la Ley de inmigración del año 36. Así poco a poco fue llegando gente laboriosa de Asia, principalmente cantoneses y taiwaneses. Para ese entonces, en Caracas y en muchas ciudades del interior de nuestro país, carecíamos de almacenes llenos de cuanta vaina se pudiera uno imaginar. Los chinos se encargaron de crearlos, pero también se dedicaron a una labor que a nadie se le había ocurrido antes: lavar la ropa.

En la primera mitad del S. XIX las casas no contaban con los modernos artefactos de hoy en día, entonces o habían lavanderas que iban a lavar a las casas (con bateas y jabón azul. Tampoco existían los detergentes en polvo), o iba un chino de casa en casa recogiendo la ropa sucia y después de unos días la devolvía, muy limpia, envuelta en papel blanco atado con pabilo. A estas alturas me es muy difícil recordar el monto de este servicio, pero sí recuerdo que en mi casa, sábanas, manteles y colchas eran lavadas por chinos. Quizá para la época el precio no fuera exhorbitante, sin embargo y por lo visto existían morosos, de allí el dicho: Si no hay leal no hay lopa. ¡Ya los chinos estaban prevenidos con el fiado! Con la modernidad, los hogares se dotaron de artefactos eléctricos para facilitar las labores domésticas, entre ellos las lavadoras automáticas y en su defecto, existe la alternativa de lavanderías comerciales donde bien puedes ir a lavar, o bien puedes dejar la lencería para que te la laven. Finalmente, los chinos se desligaron de estos menesteres, pero almacenes y supermercados chinos, sí hay.

Caracas, sept. 2024

11 junio, 2023

AIKUS (Vida)

 Vida prestada. 

Ilusión de existir,

sólo pasamos.


Al amanecer,

se despereza el sol.

Todo renace.


Un ave canta, 

risueña primavera.

Reinan los niños.


Este camino

se lleva mis andares.

Vivir sin trabas.