13 marzo, 2014

Un doce de febrero



Ese día, por los acontecimientos aciagos que luego se presentaron, fue inusitado para Pedro Martín. Desde la víspera en el liceo los compañeros estaban convocando a manifestaciones. E l centro de estudiantes estuvo muy activo para la conmemoración de la batalla de la Victoria y Día de la Juventud. De antemano, bien sabía que él no podía participar en nada de eso. Sólo para no ser tildado de rompegrupo les siguió la corriente. Bueno, ya está, mañana a las 10 en la plaza Brión de Chacaíto.  

Se fue a su casa. Esa noche durmió inquieto. Al  amanecer estuvo pensando qué diría a sus padres para poder salir ese día de asueto... Encontró a su madre en la cocina. ¿Y mi papá? No durmió aquí, dijo ella; anoche lo llamaron... Quieres desayuno? No, sólo café. ¿Pedro dónde vas tan temprano si no hay clases ? A la Biblioteca Nacional para terminar mi trabajo de historia. Cuídate y recuerda, no te metas en disturbios... Sí mamá, ya sé.

Tomó sólo un café y salió con unos cuantos libros bajo el brazo. Se enfiló hacia Chacaíto. Cuando llegó la plaza ya estaba abarrotada de gente de todo tipo y edades.Trató de contactar a sus amigos, pero le fue imposible... Anduvo merodeando, escuchó algunos discursos: arengas, consignas, pancartas, banderas tricolor, gorras variopintas. De pronto toda esa masa humana se movilizó: vamos por la Libertador, escuchó decir a alguien. Al ministerio de educación, dijo otro... Pedro rezagado, en la retaguardia, permitió que el grueso de los manifestantes pasara. Luego comenzó a caminar lentamente para llegar  a la avenida y de allí desviarse para volver a casa... Se topó con un cinturón de Guardias Nacionales que cerraban el paso con sus escudos. Un estruendo invadió todo: motorizados salidos de no se sabe dónde, irrumpieron disparando. La gente gritaba y corría despavorida. Los Guardias lanzaban bombas lacrimógenas. Los estudiantes que gritaban consignas, amados de piedras y palos repelían la agresión.  Pedro casi asfixiado, apretando sus libros al pecho se refugió en un local; mejor dicho trató de refugiarse, porque en ese preciso momento el dueño bajaba la santamaría.  Asustado: mareado, lloroso, vomitando, Pedro entró al corredor de un edifico cercano. Apoyado a la pared, siempre apretando sus libros contra el pecho, se detuvo para respirar. Sacó su pañuelo y se lo colocó sobre la boca a ver si de esa manera filtraba el penetrante ácido que lo invadía .. Otro grupo de personas, también entraron en tropel al corredor del edificio. Pedro potó por salir.  Vio hacia ambos lados; entre la humareda, todavía había gente corriendo y buscando refugio. Mejor voy hacia la Guardia, pensó. Me identificaré y ... Una andanada de perdigones lo hizo desistir. Giró, escuchó disparos; al instante sintió algo que le quemaba la espalda. Cayó de bruces sobre sus libros..y después ya no supo más.

Luego de un día de recorrer hospitales, jefaturas y puestos del SEBIN, el Sargento de la G.N. Pedro Martín, contra toda su voluntad, se dirige a la morgue. Solicita el nombre de los cadáveres ingresados el día de ayer... Efectivamente en la lista nefasta, aparece su homónimo.

Caracas, marzo, 2014
Ilustración de Web.



1 comentario:

Myriam Paul dijo...

No había leído este cuento, que lejos de serlo, impacta por su desgarradora realidad en la Venezuela y en la Caracas de hoy.

Muy bien logrado, América. Continúa así.

Abrazos,

Myriam