23 enero, 2012

De como Doña Teotiste tomó una gran decisión...




 Doña Teotiste, nació y vivió siempre en el mismo pueblo de una sola calle: una sola iglesia, una sola plaza, una sola comisaría, una sola oficina postal y un solo cementerio. Después de su cerrada viudez, éste último era el que más frecuentaba. Hasta un día que se le ocurrió comprar un quinto -a instancias de su vecina Dorotea, empedernida jugadora- y decidió hacer algo inusitado con los cuatro cuartillos que se ganó.
 Fue donde Marcelina la única peluquera que allí existía, quien había acondicionado, en un cuarto de su casa, una especia de salón para esos menesteres. Marcelina fue la primera asombrada con semejante visita. Doña Teotiste renqueando, apoyada en su bastón la espetó: Mijita, vengo para que me cambie la apariencia. Quíteme esta larga crineja blanca y tíñame el pelo del color que se le ocurra. ¡No mejor rojo, póngame el pelo rojo! Quiero cambiar para los venideros sucesos. ¡Tengo una cita  muy importante! Marcelina no se paró en mientes, ni se puso a pensar qué decía aquella mujer.       Atendió los requerimientos de tan inesperada clienta y procedió de inmediato: Lavado, cortado, teñido y cepillado. Doña Teotiste dejó con harta contentura, todo el dinerito que se había ganado... A no ser porque su figura era bien conocida en el pueblo, cuando atravesó la plaza nadie se hubiera percatado, empero los habituales que allí estaban, se quedaron de una sola pieza al ver aquella larguirucha toda de negro, con la cabeza como un fósforo.

Doña Teotiste, llegó a su casa después de medio día. En la cocina se preparó sus alimentos; ese día lo 
dio libre a Gumersinda, su mucama. Rezó su rosario de todas las las tardes. En la nochecita comió muy frugalmente. Tapó al loro. Ya en su aposento, se bañó, se acicaló y se tendió en la cama... Al día siguiente, Gumersinda la encontró tiesa, vestida con su traje de novia oloroso a naftalina.

Caracas, enero 2012
Ilustración sacada de la web.

2 comentarios:

CUENTOS DE LA NOCHE AZUL dijo...

Redondito como el anillo de desposada de doña Teotiste.
Yo pensaba que se emperifollaba con alguna nueva ilusión, pero no.
Prefirió ponerse linda como el día de su boda para encontrarse con su Consorte!

Linda historia, América. Fiel reflejo del 14 de Febrero...

Muchos abrazos,
Myriam

Anónimo dijo...

Amiga, gracias por el envión... Ya he leido algunos... Que pluma tan ágil...
Doris