18 febrero, 2008

Como si...





Se aproximaron mediante una de esas pavosas cadenas, llenas de consejos almibarados para amar, vivir, rezar o lo que sea, que pasan por Internet. De allí en adelante comenzaron a chatear. Algunas veces con asiduidad, otras esporádicamente: el trabajo, la familia, los viajes, la cotidianeidad, conspiraban contra ellos, pero nunca dejaron de comunicarse. Terminaron por habituarse el uno al otro, a pesar de no coincidir en gustos e intereses.

Cada cual creía que necesitaba al otro. Cada uno creía comprender al otro, tanto así que las explicaciones eran pocas y se daban por aceptadas. Se asumía el pensamiento y sentimiento del otro, de acuerdo a lo que estuviesen deseando escuchar o sentir.

El tiempo alargó el juego del como si... Como si me entiendes, como si me necesitas, como si me amas, como si eres único, como si fornicamos, como si peleamos, como si somos el uno para el otro. La multiplicidad de vivencias reales y separadas se experimentan conjuntamente en el como si.
Y decidieron pasar a los hechos y encontrarse. Te espero el día tal, a tal hora, en tal sitio. Ambos fueron y no se encontraron. Como si no llegaron a reconocerse…
Caracas, febrero 2008
Ilustración sacada de la WEB.

05 febrero, 2008

El infierno es la vejez.



El más intolerable y antiheroico de los mitos higiénicos, principal avasallador de nuestra modernidad, es el de la vejez sana y activa como fin supremo de la vida”. Savater

escuché decir al actor Sean Connery: ¡La vida es una bella obra, pero el tercer acto es una mierda! y si lo dice él –el inveterado 007- que quedará para el resto de los mortales. Otros que tenían razón eran los griegos para quienes los elegidos de los Dioses morían jóvenes. En definitiva la vida -o el Creador que supuestamUna ancianita muy sabia me dijo un día, ¡El infierno es la vejez! Cuanta razón tenía. Yo eso del cielo y purgatorio no lo creo pa ná, pero en el infierno sí porque se vive aquí mismito en la tierra. Yo me di cuenta que envejecí, no por las celebraciones de los cumplesiglos sino porque comencé a tomar un pastillero horroroso. La vejez transcurre en recordar cuales pastillas y a cual hora tomar: para la dispepsia, para la flebitis, para el climaterio, para el corazón, para la próstata (si no se ha extirpado todavía), para la artritis y ¡hay coño!, se me pasó la capsula de la tensión… o sea que el riego también falla. Por más bien que uno pretenda sentirse, no le faltará un achaque.

Después de pasar la cincuentena, preocúpese si no le aqueja algún dolor. ¡Significa que está muerto! La vida te cobra carísimo por unos años más de permanencia terrenal. Creo que en ese aspecto hubo una falla de diseño: la juventud es corta y la vejez muy larga... No costaba nada mejorarlo y permitirte vivir más y mejor, física y mentalmente. No le veo la gracia a estar tanto tiempo por aquí, convertido en vegetal: ocupando espacio y consumiendo el aire de otros más jóvenes y que le sacarán mejor provecho. No hay ejercicios, cirugías plásticas, hobby, ni tratamiento que valga. Es como una lechada que siempre se desteñirá: la belleza pasa, pero la silicona queda. Se remoza el exterior y la procesión va por dentro. Por allí hay mucha vieja y viejo con el carapacho parapeteao, pero en cuanto hablan no logran hilar una oración completa, lo que sutilmente denota que son unos
carcamales... Ningún ser viviente trasciende a su organismo, éste acaba por vencerlo. Si lo sabrán los médicos que nos aplican sus paliativos, para hacer un poco menos cuesta arriba el envejecimiento: sueros rejuvenecedores, oxigenación de la sangre, tratamiento de la Dra. Aslam, dietas bajas en calorías y pare usted de contar. Ahora se llaman médicos anti-aging. Cuando mis abuelitos se les decía geriatras.

Las únicas ventaja que le veo a llegar a eso que ahora se ha dado en llamar eufemísticamente tercera edad o juventud prolongada, son que como ya estás medio sordo, no escuchas todas las pendejadas que habla la gente; que pagas medio pasaje, medio ticket en el cine y los espectáculos; que no te calas una cola y te puedes colear en todas partes con tu cara muy lavada y arrugada. Eso, si no eres de esos tontos que se les ve el chuchumeco a la legua, pero prefieren una cola abusiva antes de confesar su verdadera edad.


Hasta ahora el único placebo que funciona para soportar y sobrellevar medianamente lo valetudinario, es el buen humor. Asumir el barranco, burlarse de uno mismo y cometer las locuras que antes no te permitiste: por ejemplo, si aún te aventuras a manejar y algún asomaó en la cola te grita: ¡Vieja quítate del medio! Bájate, le das dos tiros y te largas muy oronda que viejo no paga cárcel.

Cuando algún amigo te consiga por la calle y te diga ¡Que bien te conservas! cuidado, no es un halago. Lo que te dice es que pareces que estuvieras en formol. Recuerda que eso jamás se le ocurrirá decírselo a una moza o mozo... Finalmente, para desquitarte de un enemigo -que te haya jugado una trastada- nada de venganzas, sólo deséale que llegue a viejo.

¡La vida es asin!


Caracas, agosto 2007
Iustracion: Quino