28 diciembre, 2010

En el museo



¡Poneros circunspectos señores que nos están mirando! No olvidéis que representamos los mejor de la pintura española y muchos nobles, de los pocos que quedan y plebeyos que hay de sobra, pasan por aquí a rendirnos pleitesía… ¡Doña Maribárbola su merced, no me hagáis sonrojar!... No creáis que por la ausencia de nuestros augustos padres, esto no va en serio… Además, considerad que el maestro Velásquez se ha tomado la molestia tan ocupado él; toda la corte pretende ser retratada y todas esas cosas… Su merced Doña Isabel, basta ya de acomodarse el miriñaque… Doña María Agustina ¡Pardiez!, está bueno ya de auscultarme tan inquisidoramente, que yo no he sido la de la idea…

En verdad a quien se le ocurrió todo esto fue a maese Velásquez…¡Un cuadro tan original que no lo pareciese!... El montó toda la mise en scéne. Sin olvidar detalle: hasta sus señoría los soberanos –mis augustos padres- forman parte de el sin estar, esbozados en reflejo sobre un pulido espejo… En cambio, presentes, los integrantes de la pequeña corte que conforma mi entorno: mis meninas Doña María Agustina y Doña Isabel; la haya Doña Marcela y el guardadamas que nunca nos desprotege, que para eso está. No creáis que por estar cuchicheando con mi haya, descuida sus funciones… También aquellos que me divierten: Maribárbola y el pequeño Nicolasito... Al fondo en tercer plano, se colocó Don José Nieto aposentador de la corte, que la verdad no sé si entra o sale del gran salón… A la izquierda en segundo plano está él -paleta en mano como si pintara un gran lienzo- con su Cruz de Santiago al peto, ¿ de dónde habrá salido?, todavía no es Caballero de la orden... ¡Sin duda otro de sus camelos!... y por supuesto yo, la Infanta, Margarita Teresa de España a mi corta edad figura central de todo la composición... No podía faltar mi can –soportando las habituales impertinencias del pajecillo- allí echado mansamente en primer plano.
Lo mejor de esta cierta trivialidad –y para desconcierto de aquellos que venís a visitarnos a El Prado- es que no somos nosotros “el cuadro”...¡Lo sois vosotros los mirones!… Os escudriñamos al pasar: asombrados, intercambiando opiniones impactados…y los que habéis captado la genial intención sonreís. En cambio otros, conmovidos por tanta belleza sueltan unas lagrimillas… ¡Sómos únicos!, no hay otro semejante... Somos fuente de inspiración para otros artistas; los críticos han gastado mucha tinta y papel en sesudos análisis plásticos, empero después de tantos siglos aún estamos aquí…Simplemente para jugaros una chirigota.

Caracas, dicb. 2010
Ilustración tomada de la Web.

18 diciembre, 2010

Historia de la flor de navidad.





La planta que reina en estas fiestas es, en realidad un arbusto originario de México, su nombre azteca es Cuetlaxóchitl. Su nombre en latín es Euphorbia Pulcherrima, es decir la más pulcra, la más bella.. En Venezuela también la denominamos Papagayo. La flor de nochebuena se conoce en inglés como "poinsettia," en honor a Robert Poinsett, quien fuera embajador de los Estados Unidos en México de 1825 a 1829. Admiró tanto esta planta que llevó algunas de regreso a su hogar en Carolina del Sur. Las cultivó y propagó en su invernadero y las obsequió a sus amistades... Las modificaciones genéticas, que iniciaron hace más de un siglo en Estados Unidos, han permitido obtener variaciones en el tamaño, tinte o forma de las hojas. Son éstas las más conocidas y se comercializan fuera de México.

En el mundo occidental es el símbolo de la Navidad, porque alcanza su esplendor justo en la época de invierno. Ha llegado a ser una de las plantas más apreciadas hasta el punto que se celebra un Día Nacional de la Poinsettia -establecido por los productores- el 8 de diciembre. Su temporada es de Noviembre a Abril, siendo su apogeo en Diciembre. Por eso se la conoce también como Flor de Pascua o Estrella de Navidad.


FELICES FIESTAS..!!!!


Texto e ilustración tomados de la web.


05 diciembre, 2010

El hombre del liquilique.





Lo divisé en el centro comercial, alto y corpulento. Su figura llama la atención, entrado en canas con su mostacho también canoso, en ese estupendo liquilique blanco de fino dril, zapatos marrones y un elaborado bastón con empuñadura dorada.. Lo usa con cortaba y mancuernas que por los reflejos se me ocurrió eran de oro con pequeñas esmeraldas… Lo acompañaban una mujer y una adolescente, que supongo son su esposa e hija. Contemplaban una vitrina. El impacto que me produjo su imagen reflejada en el cristal, me detuvo… Rememoré otros personajes: el porte del Maestro Sojo, o los mostachos del General Gómez. También me acorde de mi padre, que en su momento uso el liquilique con prestancia.

No me aguante y lo abordé: Usted disculpe pero no puedo dejar de admirarlo. Perdone señor, ¡Que elegante se ve usted con ese liquilique! Gracias, respondió… En el grupo nadie se sorprendió. Yo continué: ahora no se ven caballeros con ese atuendo... No, dijo él: ésto lo usamos los venezolanos de antes.. y ya no quedan, contesté. Nos reímos. Algunos hay que todavía se atreven, pero lo usan sin la corbata, dijo. Como mi padre, usted me lo recordó... No hubo presentaciones en la breve conversación e igual sobrevino la despedida y cada quién sigió en sus asuntos.

Esta anécdota puede reflejar la extrañeza que nos causa ver una persona con esa prenda masculina, que fue de uso común en nuestro país durante el siglo XIX y mediados del XX y ahora en desuso. El liquilique consta de pantalón (por supuesto) y chaqueta enteriza y larga con mangas, abotonadura en la parte delantera: cuatro bolsillos laterales con tapa abotonada y cuello alto con cuatro ojales, para la colocación de las mancuernas o yuntas, generalmente de oro. Casi siempre se confecciona en un dril ligero, o lino blanco -forrado en seda o según la calidad del lienzo, sin forrar- para el día (también puede ser beige) y de color negro para la noche. A pesar de ser un traje de cuello alto, está complementado por una corbata interior, delgada y estrecha (a manera de cinta) que remata un extremo de la tela encima del otro (cruzado), sobresale unos centímetros del cuello de la chaqueta y es ajustada por las mancuernas... No crea usted que a cualquiera le luce un liquilique; preferiblemente el portador debe ser delgado, o al menos sin exceso de grasa ventral.

Esta prenda es la evolución del traje del llanero venezolano y el costeño colombiano, llamado garrasí que en vez de la chaqueta del mismo material del pantalón, lleva una blusa más liviana: manga larga, cuello alto, con las mismas características del corte antes descrito. Se complementa la vestimenta con el sombrero Pelo e´guama.
Con el correr del tiempo y el costo, el liquilique pasó de ser una prenda de uso corriente entre nuestros mayores -usada en los joropos llaneros con alpargatas- para convertirse en un atuendo a lucir en grandes saraos… Recordarán que el Gabo cuando fue a recoger el premio Nobel de literatura (1982), para sorpresa de todos no fue trajeado con el consabido frac (paltolevita) o smoking, se presentó a la ceremonia de liquilique blanco. Ese traje fue a parar a un museo de la hermana república... En nuestro país, el Tío Simón usa su liquilique con asiduidad y con el fue a recibir su premio Grammy honorario (2008)

Que grato que todavía se topa uno con personajes por admirar en la cosmopolita y caótica Caracas de ahora.

¡Vainas de mi ciudad!
Caracas, novb. 20010
Ilustración tomada de la web.

01 noviembre, 2010

De cómo el Sr. Domínguez se entendío con los espíritus...



Juan Domínguez es un próspero corredor de bienes raíces: caraqueño, cincuenta y siete años, casado y con dos hijos universitarios, quien ha amasado una pequeña fortuna comprando propiedades viejas, remodelando y revendiéndolas en propiedad horizontal. Por supuesto que él ha solventado todos los inconvenientes legales que pudieran presentársele, con el consabido cuantohaypaeso… Lleva una vida descansada ya que algunas veces vende dos o tres propiedades y el resto del año descansa o invierte sus ganancias en bonos del estado, o empresas en el exterior. Empero hay un inconveniente –nunca falta uno- con un edificito que se le ocurrió comprar, hace como ocho años, por allá por Catia cerca de la Plaza Pérez Bonalde.

El edificio en cuestión, es un inmueble pequeño, de 4 pisos que está en muy malas condiciones y que por lo mismo se la vendieron por casi nada. Por eso y por otras causas que el Sr. Domínguez ignoraba… El ruinoso edificito estuvo muchos años abandonado antes que él lo adquiriera. Metió a su cuadrilla de albañiles, electricistas y plomeros. Levantaron el piso y pusieron cerámica, cambiaron las ventanas y en definitiva lo dejaron presentable y habitable. Por fuera le dieron su mano de pintura y hasta quedó bonito… No más finalizado los trabajos –y con los permisos de habitabilidad necesarios- comenzó la venta de los apartamentos: 1 por piso, dos habitaciones, 1 baño… Pasaron los días y por más que muchos fueron a verlo y que el Sr. Domínguez dio un sinfín de facilidades y hasta rebajó el precio, nunca se concretó la venta de ni siquiera un piso. Contrariado, el propietario decidió dejarlo “engordar” por un tiempo, a ver si el mercado favorecía la negociación y dedicó su tiempo a otros asuntos.

Con el transcurrir de los meses, el edificio de Catia comenzó a deteriorarse aceleradamente: se estallaron todos los vidrios de las ventanas, el pasamanos de la escalera se desprendió y la pintura exterior se descascaró totalmente. El Sr. Domínguez atribuyó todo estos percances a los vándalos de la zona. Entonces reparó todo y contrató a un guardia. El susodicho desapareció a los dos días dejando el puesto de trabajo, sin siquiera cobrar su sueldo… Dijeron los vecinos que de noche se escuchaban ruidos propios de apartamentos habitados…y de día una paz sepulcral. Como si fuese poco, a los meses el edificio fue invadido por unos malvivientes. Cual no sería la sorpresa de Domínguez que, sin siquiera tener tiempo de poner la denuncia ante los organismos competentes, los ocupantes ya habían salido del edificio como alma que lleva el diablo… Se puso a cavilar sobre la concatenación de tan inusuales hechos y decidió mudarse a uno de los pisos, para constatar por sí mismo qué estaba sucediendo allí.

Ese noche, armado de una colchoneta, una lámpara, con algunos mínimos pertrechos se instaló en el segundo piso. Las primeras noches no sucedió nada especial, a la cuarta cuando se preparaba la luz se apagó y escuchó ruidos… Asustado se incorporó y encendió la lámpara...¡Qué vaina es esta! La penumbra lo invadía todo, le pareció escuchar que alguien se acercaba pisando muy suavemente. Cuando logró aclarar un poco la habitación vio antes él una figura etérea y pequeña - ¿un niño, quizá ?- con un traje estrafalario, levitaba. Al hablar –con voz cavernosa- entendió que era un adulto… Domínguez estaba lívido y no atinaba a pronunciar un ca, car, caraj… Le solicitó que se calmara, que no temiera, que sólo deseaba pedir ayuda; pero que todos salían despavorido al verlo. El Sr. Domínguez se armó de valor y trató de entablar una conversación. Se sentaron frente a frente en el piso. La lámpara en medio iluminaba la cara grotesca del enano. Comenzó a decir:

Yo era un artista de circo hace muchos años, antes de morir en un accidente. Con mi pareja, otra enana, teníamos un numero en el cual me lanzaba desde una altura considerable a un barril lleno de agua…¡Tantas veces va el cántaro al agua, hasta que!...Usted sabe el proverbio, pero esta vez fui yo, en vez del el cántaro, el que se partió la crisma…¿Y qué tiene que ver eso con que usted aparezca en mi propiedad, molestando a los inquilinos?... Si lo he hecho es pidiendo ayuda, pero nadie atiende mis ruegos... En definitiva, cómo podría ayudarlo, explíquese… Bien, verá usted, aquí mucho antes que este inmueble fuera abandonado vivía una psíquica, que se dedicaba a hacer sesiones espiritista y comunicarse con los muertos. La pobre señora no las atinaba todas, hasta que en una de esas tenidas aparecí yo y la medium se llevó un susto del carajo…Murió en plena sesión de un infarto fulminante… El problema es que me dejó de este otro lado y hasta ahora no he podido volver de donde vine… ¡Joder, que cuento tan interesante!, pero ¿Por qué se quiere devolver, no le gusta allá ?... Verá usted, no es que me gusté o no, es que me siento desubicado… ¿Y cómo podré ayudarlo?... Muy sencillo, busque usted otra persona que practique el espiritismo y me devuelva. ¡Eso está difícil!. Yo no conozco nada al respecto. Soy un descreído. ¿Mire, a usted le interesa que yo desaloje, no?, pues ayúdeme y le garantizo que no me verá más nunca por aquí... ¡Eso seguro, su estadía lesionamos intereses!… Dicho esto, la figurita fantasmal desapareció y se encendieron las luces del lugar.

El Sr. Domínguez no contó nada de esta experiencia. Por su cuenta se puso a indagar en los avisos de prensa para localizar la persona adecuada. Visitó a un hombre que leía la bola de cristal: a una india que fumaba el tabaco, a una señora que echaba las cartas, pero ninguno de ellos le dio garantías de poder hacer el trabajo. Luego le recomendaron contactar a un palero, pero pensando en los cubanos que están en Miraflores, prefirió no arriesgarse... Total que por su cuenta comenzó a leer sobre espiritismo y asuntos relacionados con la otra vida; él que siempre había sido un tipo agnóstico y nunca creyó en esas pendejadas... Preguntando, preguntando, dio con una secta que funciona en el estado Miranda, por Birongo. Solicitó una cita vía telefónica y finalmente le dieron fecha y hora para una entrevista.

En un barrio modesto de las afueras del poblado, fue a parar a una casa que tenía un letrero a la entrada “Sociedad de los Devotos Seguidores de Ultratumba” (SDSU). Atravesó el jardincito y tocó a la puerta. Un hombre enteco salió a abrirle y le preguntó que deseaba. El Sr. Domínguez indicó tener cita. Bien, dijo el hombre, pase por favor: espere un momento. Se quedó solo en medio de una sala amoblada con enseres muy vetustos y pesados cortinajes.
Después de unos minutos apareció la figura de una mujer –le pareció desproporcionadamente alta - morena, de edad indefinida, bien trajeada y de modales delicados y pausado hablar; llámeme Luzbel, le dijo y lo invitó a sentarse... Domínguez no pudo ocultar su desconcierto, ya que se había hecho otra idea de la llamada sacerdotisa. Explíqueme con detalles su asunto, le dijo... Se tomó todo su tiempo para explicar los hechos acaecidos, especialmente la solicitud del enano, para regresar al más allá. No es sencillo, respondió ella. Generalmente deben regresar en la misma sesión en la que fueron invocados. Nunca he intentado nada semejante. Déjeme consultar con los espíritus y me comunicaré con usted... Dicho esto, le extendió la mano y desapareció de la habitación. Nuevamente el hombre huesudo se presentó y acompañó a Juan Domínguez hasta la puerta. Después de tres días instalado en una pensión local y cansado de esperar una comunicación que no llegaba, telefoneó a la Sra. Luzbel, dejó sus números telefónicos de Caracas y tomó el primer autobús rumbo a la capital. ¡Esta mariquera es una pérdida de tiempo!

Por lo visto durante su ausencia las cosas habían mejorado en el edificio, o al menos los destrozos se detuvieron… Domínguez nuevamente pernoctó en el segundo piso, en espera que el fantasma apareciera para informarle de los avances de su solicitud, pero esa noche se cansó, hasta que se durmió ya de madrugada… A las varias noches, apareció el enano en busca de información. Juan relató todas sus diligencias y dijo que esperaba el llamado de la espiritista. Pasaron más de quince días; en ese ínterin el enano se comportó comedidamente y Juan Domínguez regresó a su casa de habitación, sin dejar de visitar al fantasmón una vez por semana.

Casi a los dos meses el propietario del inmueble recibió el esperado telefonema. La Sra. Luzbel se trasladaría a Caracas, para realizar el trabajo de despojo del edificio. Domínguez la fue a esperar al terminal de buses, según lo acordado. La alojó en un hotel y la siguiente noche, se instalaron en el segundo piso del ruinoso edificito... Todo estaba en penumbras; la espiritista improvisó una pequeña mesilla con un cajón y la cubrió con un mantel negro bordado, que extrajo se su maletín. Luego colocó cuatro velas en el piso según los puntos cardinales, con tiza dibujó alrededor unos signos irreconocibles y se sentaron en sendos cajones que fungieron de sillas. La espiritista abrió un libro y comenzó a leer en voz alta y en una lengua extraña. El hombre tragó entero y sudaba copiosamente, aún así no salió corriendo como deseaba, sino que procuró mantener su entereza.

Luego de sacar un manojo de ramas, la mujer esparció las yerbas por el sitio y nuevamente se sentó… Al momento se materializó la conocida sombra. Esta vez se dirigió a ella en una lengua desconocida para Domínguez. A medida que fantasma y espiritista conversaban, el cuarto se heló y una espesa niebla envolvió todo… La mujer quemó unas cuantas yerbas y se tomaron de las manos. Un olor penetrante se desplegó en el lugar... A Domínguez le entró un sopor y una pesadez, que terminó mareado y cerrando los ojos…

Cuando despertó, no tenía noción de lo sucedido. Estaba en la cama de un hospital y su mujer hacía guardia al lado… ¿Dónde estoy?...Qué es esto… Cálmate. No debes agitarte…¿Cuánto tiempo llevo aquí?… Has estado en coma como veinte días, le respondieron… La mujer llamó rápidamente a una enfermera: ¡Despertó, despertó! ¿Y que son estos vendajes y este yeso en la pierna? ¿Qué me pasó?…No recuerdas, pobrecito, le dijo su mujer.

Su recuperación fue más lenta que la del edificio. Cuando pudo pasar por allí –después de cuatro meses hospitalizado- constató que lucía como un inmueble nuevo y cuidado. Dedujo que el trabajo de la espiritista había surtido efecto, ¡de que vuelan, vuelan!, pensó. Lo que no recordaba en absoluto, era eso de que había saltado desde el segundo piso... Intentó comunicarse con ella para cancelar sus emolumentos, pero sus llamadas fueron en vano. Decidido volvió a Birongo, para aclarar las cosas. En la casa donde había estado anteriormente ahora vivía una familia y el letrero de la Sociedad no existía. Nadie le pudo dar señas de la mujer... Finalmente Domínguez decidió olvidar todo y retornó a su vida habitual. Puso nuevamente un aviso para la venta de los apartamentos. Los primeros compradores que se presentaron, fue una pareja muy despareja: una mujer excesivamente alta, acompañada por un hombre muy pequeño…


Caracas, octubre 2010
Ilustración tomada de la web.

24 agosto, 2010

El ánfora


Miriam y Eduardo decidieron que ese año las navidades serían diferentes: sin reuniones familiares, sin regalos, sin hallacas y dulce de lechosa, sin árbol de navidad ni pesebre.. Tampoco ese año vendrían los hijos del exterior, así que deciden largarse a pasar las festividades al resort que tienen en Curazao y que la verdad sea dicha, desde que los muchachos no están, cada vez se utiliza menos.

Arreglaron sus bártulos –pocas cosas para una corta temporada- y se fueron unos días antes de navidad a la isla, determinados a descansar y olvidarse del barullo decembrino. La noche de navidad cenaron en un pequeño restaurante y luego se acostaron temprano. Los días subsecuentes, transcurren entre baños de piscina y playa. Eduardo se reúne con otros veraneantes para un juego de naipes y Miriam se tumba a tomar el sol con una buena novela en las manos.

Dada la insistencia de los vacacionistas, acordaron reunirse todos a la orilla de la piscina el próximo 31 de diciembre para esperar el nuevo año. La noche del fin de año estaba fresca: una suave brisa marina y la luna iluminando el lugar, más la deliciosa comida y buenas bebidas –en la grata compañía de unos cordiales amigos- presagiaba una inolvidable celebración de nochevieja. Se encontraban alternando; las uvas estaban dispuestas para, con la ayuda de un radiecito que transmitía en papiamento música local, acompañar las doce campanadas: una, dos, cuatro, siete, nueve…y en eso Eduardo, atragantado, empalidece y cae cuan largo es…

Inútiles fueron los primeros auxilios. El médico de hotel no se encontró por ninguna parte. Se llamó a la ambulancia, la que que por supuesto no acudió por ser jolgorio y no se daba abasto para recoger tanto borracho y heridos por las reyertas; no se llegó a tiempo al hospital. Definitivamente y para desconsuelo de la llorosa Miriam, su Eduardo estaba muerto sin remisión un 31 de diciembre víctima de un infarto fulminante… El cadáver fue llevado a la habitación en espera de realizar las diligencias: buscar la funeraria y hacer todas las tramitaciones ante el consulado de Venezuela en la isla. Dificultosamente se consiguió alguien que se encargara de los servicios funerarios. No se halló alma alguna en el consulado cerrado por vacaciones colectivas.

En vista de tan azarosas circunstancias, Miriam se puso en contacto con sus hijos y por decisión unánime el cuerpo de su marido debía ser incinerado lo ante posible y así trasladarlo, ya que no había forma ni manera de repatriar el cadáver... Luego de dos días de espera, le fue entregada un ánfora metálica con las cenizas de su Eduardo.

Sin posibilidad de resolver ninguna tramitación legal, decidió volverse a Caracas. Hizo maletas sin las pertenencias de Eduardo que dejó en el closet. Agarró el ánfora, la puso en el maletín y se fue al aeropuerto. En menos de dos horas, ya estaba saliendo con su maletín en mano por la aduana de Maiquetía, cuando la detiene un guardia nacional: Señora por favor, abra el maletín...¿Qué es eso tan raro que trae ahí?... Un ánfora mortuoria; déjese de mamadera de gallo y destápelo... ¿De verdad, esoquiere que le muestre las cenizas de mi marido?.. Eso parece cocaína.. ¡Pruébelo!... La notó tan decidida que asustado respondió: ¡No señora, no!, mejor pase…

Caracas, agosto 2010
nota: Esta es otra de esas inusitadas historias de la vida real, que me contó una amiga.
ilustración tomada de la web.

23 junio, 2010

Acunando





La poetisa chilena Gabriela Mistral se refería a las nanas o canciones de cuna como: “una isla de las canciones, y además no es para la mujer sino un antojo de palabras aderezadas al niño y a sí misma”... Para el bebé la nana o arrorró es la que ayuda a calmar el llanto y hace confiar. Un bebé acunado es lo más feliz del mundo. Y hay otro detalle: de manera instintiva se acuna apoyando al bebé del lado del corazón materno o paterno (ahora los hombres no tienen ningún empacho en hacerlo) así el el ritmo cardíaco –el mismo que el feto escuchaba dentro del útero- acompañe la canción... Por otra parte, de alguna u otra forma todos los mamiferos acunan a sus crias: es decir que mona si carga a su hijo.

Las canciones de cuna son ancestrales. En cada país según la tradición oral pasan de madres a hijas. Hasta los compositores se han atrevido en este género. Tal es el caso de Brahms, cuya canción se ha internacionalizado. No hablamos alemán, pero usamos la melodía e inventamos nuestra letra. Escribió el Prof. L. F. Ramón y Rivera sobre el tema que: “Las canciones de cuna, por ejemplo, cuya estructura en su mayoría procede de modelos medievales europeos, son cantadas todavía por las madres venezolanas. Les añaden a veces -es cierto-, pequeños giros particulares -variantes-; pero de manera general se conservan fieles a sus modelos. Algo bien diferente es, en cambio, la canción maternal de nuestros indígenas, porque la música de los grupos aborígenes indígenas venezolanos posee raíces milenarias no mezcladas con lo europeo …" ( Folklore, música y danza. Luis Felipe Ramón y Rivera)

Hay una canción de la inolvidable Conny Méndez (cantautora y poetisa caraqueña) “Venezuela habla cantando”, que nos recuerda que en este país acunamos a los niños con la música del himno nacional….y quién no la recuerda: “Duérmete mi niño que tengo que hacer, lavar tus pañales, sentarme a coser!”…

Y hasta aquí llega este cuento, porque de tanto hablar de canciones de dormir ya me dio sueño.

Escuchen esta nana de Beethoven:


Caracas, junio 2010
Ilustración: Edgar Degas

30 marzo, 2010

La monja-alférez.




En la remota aldea güipuzcoana donde nació, pocas eran las probabilidades para su inquieto espíritu. Del convento donde fue internada –como era habitual hacerlo con las hijas de familia en el S. XVI- se fugó a los 15 años; convencida que como hembra pocas probabilidades tendría, muy audazmente se mutó en varón y de allí en adelante, Catalina de Erauso se trocó en Antonio, adoptó ropas masculinas - se convirtió en travesti- porte y comportamiento. De pueblo en pueblo y de faena en faena en lo que pudo y como pudo, llega a la la ciudad de Vitoria; luego se enrolará como grumete en una de las tantas naos que parten hacia el Nuevo mundo.

Su inquietud no permitiría que allí terminara su hazaña. Apenas piso tierra pico los cabos y se enroló como soldado raso, en una de las tantas avanzadas del ejército español. Guerreo contra los indios, se batió en lances, pendenciero sostuvo reyertas; llegó a Alférez. Con ese grado intervino en varias batallas en Argentina, Bolivia, Chile y Perú. En La Paz, huyendo de un lance habido en un juego de naipes, se refugia en un convento hasta donde lo persigue el señor Corregidor. Ya prisionero el Alférez Don Antonio de Erauso, se puso en claro su verdadera identidad... Prisionera fue devuelta a la corte de Felipe IV. Todo un personaje, la monja-alférez ya liberada goza del favor del monarca; viaja por Europa nuevamente bajo la máscara de su falsa identidad y para el año de 1625 se vuelve a embarcar, esta vez para ir a México.

Ya instalada en Veracruz en 1630 inicia un comercio de exportación de mercaderías a España;uno que otro contrabando... En uno de esos viajes, su bote zozobra en las corrientes del golfo. Catalina-Antonio no está entre los sobrevivientes, tampoco se encuentran sus restos. Tal como era y tanta su intrepidez, que para ser fiel a la leyenda, cuentan que la monja-alférez se convirtió en sirena o en tritón…


Caracas, marzo 2010
Ilustración tomada de la web.

17 marzo, 2010

Como una lata de agua



Cómo le digo a misia Rosalía, cómo se lo digo. La pobre ya está toda reumática. No es para menos, subiendo estas escalinatas hasta la punta del cerro, con esas latas de agua en el lomo… Cuántos años. ¡Demasiados! Es mucho aguantar; criando sus tres tripones. A uno ya se lo mataron por una rencilla entre bandas. Siempre lo mismo: con dictadura, con democracia, con revolución. Nada cambió para ella... ¡La misma mierda! Como decía el cómico aquel que se lo llevó la vaguada en Vargas: los gobiernos pasan, pero el hambre queda... Ofrecimientos, promesas. Peticiones a todos los santos: José Gregorio, Negro primero, San Judas y Ma. Lionza, todos juntos revueltos e iluminados,en el pequeño altar de misia Rosalía…sordos a sus rogativas.

La conocí cuando llegó de su Carúpano natal. Se vio huída tras el negro Ramón: un colombiano costeño, hablador, simpático, buena gente. Dizque locamente enamorada. Yo ya tenía mi bodeguita en el cerro. Cuando se dieron cuenta que aquí en la ciudad se vive tan mal o peor que en el pueblo se pusieron a trabajar duro, dispuestos a comerse la ciudad: levantaron su casita de ladrillos y techo de zinc. El trabajó de albañil, de guardia nocturno, de barrendero, de lo que saliera. Rosalía lavaba, planchaba, hacía empanadas. Se fajaron parejo. El negro Ramón cuando comenzaron a llegar los tripones no se desentendió de ellos. Hasta el mal momento en que fueron creciendo y el primogénito Felipito se le desbandó. ¡Mijito que usted anda en malas compañías! ¡Mijito dejesedeso, la droga mata!.. Pero no, no fue la droga la que lo mató. Fue el “Tuerto” que en una reyerta le lanzó un navajazo.

De allí en adelante la desgracia se enseñoreó con ellos. Todo se dificultó; los trabajos, la salud, la convivencia y el barrio cada día más agresivo. Las bandas azotando; los policías dirigían los atracos; el pago de peaje para subir o para bajar las ciento y tantas escalinatas. Hasta me vi obligado a enrejar mi bodeguita pa´poder despachar, me sentía preso, pero qué le iba a hacer… Así transcurrieron los años para Rosalía. Al negro Ramón lo mató el aguardiente. Nunca se repuso de la muerte de Felipe y le dio por beber. Se volvió pendenciero. Dicen que le dio cirrosis. No se bien, el caso es que se murió y a duras penas entre todos en el cerro le compramos su urna y lo enterramos en el Cementerio general del Sur. Para esa época nació la carajita. Rosalía se quedó bregando sola, con su otro hijo y la muchachita. Fueron creciendo; mas o menos se educaron, como todos los del cerro asistían a la escuela de Fe y Alegría que está instalada aquí; pero por más que los curas le hacen la lucha para inculcarles sanas costumbres, el barrio es muy arrecho y puede más que cualquier cosa.
¡Y cómo le digo la vaina!.. Le va a caer como una lata de agua fría. Mire que aconsejé a mi muchacho, pero no escucha… Déjate de eso; termina de estudiar. Ustedes están muy jojotos… Es difícil manejarlos a esa edad, muchacho no piensa… Sólo por ser jóvenes se creen Superman y van contra el mundo… Pero que va, preñó a la carajita de misia Rosalía y esta madrugada se largaron del cerro, con una maletica y sin real, dizque a ser su vida. Las vainas se repiten. La vida da las mismas vueltas, pero esto va matar a la vieja…


Caracas, 16 marzo 2010
Ilustración tomada de la web.

27 febrero, 2010

Mi cartera preferida.


Thais salió esa tarde con su cartera preferida bien ceñida bajo el brazo. El agobiante calor vespertino la hizo cambiar de acera -para evitar la fuerte resolana- y beneficiarse de alguna que otra sombra que ofrecían las edificaciones. Repito, con su cartera preferida bien apretadita debajo del brazo. No porque fuera una cartera de marca, ni muy fina, sino porque era su cartera preferida…

A la distancia pero sin mucho interés, vió venir al hombre. No obstante como un acto reflejo, apretó más su cartera. Cuando la tuvo frente a si le espetó: ¡O me das la cartera o te doy un tiro aquí mismo! Lo lamento contestó ella, encarándosele muy decidida. ¡Esta es mi cartera preferida y por nada del mundo te la voy a dar!... El hombre de momento quedó desconcertado. Si quieres compartimos los 50 bolívares que es lo único que traigo, 25 para ti y 25 para mi. Está bien, ¡apúrate!... Tahis abrió su cartera y sacó el dinero tal como habían convenido, luego rectificó: van a ser 25 para ti y 20 para mi porque ya gasté 5 bolívares en la panadería. ¡Si va!, dijo... Le arrebató el dinero y siguió su camino, atravesando la calle. Tahis dio un largo suspiro y se fue muy oronda. Había salvado su cartera preferida que continuaba muy apretadita debajo de su brazo.

Caracas, febrero 2010
nota: Esta es otra de esas historias verdaderas –parte de nuestro “realismo mágico”- que me fue referida y que a diario suceden en nuestras calles.
Ilustración tomada de la web.