24 diciembre, 2009

Anteros

Debido a la precaria situación en la cual me encuentro, luego de probar variados trabajos -hasta un carrito de venta de perros calientes intenté-, decidí ingeniármelas y prestar un servicio muy suigeneris, novedoso. Lo medité bastante y me arriesgué. Total probar es valedero...

Hola, soy Anteros. No, no crea que es un nombre maracucho,son ocurrencias de mi señora madre que todavía es fans de Eros Ramazzotti, pero para no ser tan notoria optó por éste. El apleativo viene de grecia y es la antípoda a Eros. Significa desamor. Realizado este preambulo obligatorio, le traigo un mensaje de su hasta el momento novio, Juan José: le manda a decir que está harto de usted, de sus malditos celos y controladera y que no desea verla más nunca...(respiro) ¡No la emprenda conmigo, cálmese! Por eso él no se presentó, me advirtió que usted era una cuaima. Aquí le envía sus cartas, que siempre le parecieron muy cursis y estas flores, pa´que no diga que es un desconsiderado...(respiro) No lo llame, no lo busque...¡ Epaaaa, momento..! cuidado con el ramo, no me pegue! yo sólo hago el mandado...
Cumplido mi cometido, me retiro. Gracias.

Así comencé con mi lucrativo desempeño. ¡Mandando a todos a la mierda..!, haciendo acopio de mis capacidades histriónicas. Mi segundo caso fue un poco más difícil. Tuve que solicitar cita, esperar varias horas para decirle a un alto ejecutivo de una empresa transnacional, que su adjunto no vendría más al trabajo, porque ya no soportaba el maltrato que recibía. Que hacía todo el trabajo duro y el cabrón de su jefe (o sea, al que le dije todo eso) se llevaba las felicitaciones y encima las ganancias...
El mensaje de doña Dora fue muy contundente: manda a decir su mujer que le notifica que le congeló todas las cuentas bancarias, que traspasó la propiedad de las Bahamas y el negocio de Margarita a su nombre y que mañana, recibirá usted la notoficación de su abogado donde pide el divorcio...(respiro) Dice que no se cala más los cuernos que usted le ha puesto durante todos estos años, ni continuar desvistíendolo cuando llega de sus borracheras. De paso, que también le deja los chamos para que termine de criarlos. ¡Que se vaya todo al casrajo!..Un saludo de su parte.
Cumplido mi cometido, me retiro. Gracias.
No me doy abasto con la cantidad de trabajo que tengo ahora: rupturas matrimoniales, nueras contra suegras, empleados que renuncian, gays vs gays, maridos que reclaman la cornamenta y toda un gama de situaciones escabrosas, muy difíciles de cumplir para los involucrados. No me ocupo de actividades crematísticas: nada de cobros de deudas, préstamos, ni cosa que se le parezca. Mi asunto son los sentimientos. Cumplo una labor social: no se imaginan la cantidad de stress que se evitan mis clientes: sin complejo de culpa, sin tener que dar la cara, sin actitudes vergonzantes, sin necesidad de llegar a situaciones extremas y agresiones físicas, una cacerola volando, un intento de suicidio, el carro incendiado. Yo solvento todos esos inconvenientes de forma muy elegante.

Les dejo mis señas. Nunca se sabe en qué situación comprometedora puedan encontrarse. Garantizo total discresión:
o al aprt. postal: 007. Caracas.

Caracas, enero 2010
Ilustración tomada de la web.

28 noviembre, 2009

Petición navideña

Date: diciembre, 2009
To: santa©polonorte.com
From: miss américa©caracas.com
Subjet: petición navideña


Hola Santa, ¿te sorprende volver a encontrarme en tu correo? Sí, hacía tiempo no te escribía, pero me animé y espero vengas a mi ciudad: la sucursal del cielo, ¿recuerdas como era antes? cuando te recibíamos todos los años en casa con los niños. Ahora en mi ciudad se han atrevido a execrarte… Pero a mí siempre me gustó la Navidad y todo eso del “espíritu navideño”: la reunión familiar, las hallacas, las bebidas, el dulce de lechosa (ahora de especial connotación), los aguinaldos, el pesebre y los regalos que dejas al pié del perfumado pino.

Bueno el asunto es que a pesar de todas las que estamos pasando, y precisamente por eso, ahora es cuando creo en hadas: elfos, unicornios, brujas y principalmente en tu persona. Así me atrevo a enviarte este e-mail (¡modernos que somos!) para pedir –como es habitual- por que hasta ahora, que yo sepa, no he visto que nadie te escriba para decir: “Santa, te voy a ayudar con esa pesada bolsa que cargas encima”… Además yo para dar, lo que se dice dar, no estoy. Aquí de milagro estamos dando las gracias y eso que a pesar de ser gratis, no la dan todos. Tampoco me voy a poner a pedir paz, bienestar para la humanidad, progreso, ni que salves al mundo; esas cosas no son de tu incumbencia y aquellos a quienes compete, por lo visto no les interesa… En fin panzón (no te arreches, que te lo digo por cariño), egoistamente te voy a pedir sólo para mí; para complacer a mi adorada persona.

Cómo digno ícono del Imperio y su abundancia: gordo, próspero, siempre feliz y bonachón, tengo que pedirte en grande. Fíjate que se me ocurre, que allá deberían cambiar la inscripción de los billetes de un dólar, esa que dice: In God we trust, por In Santa we trust; ¡otra vez con mis disgregaciones!... Vamos a lo nuestro; necesito que me complazcas, sin poner objeciones. Lo que voy a pedir sólo tiene que venir de ti, ni la NASA podría ayudarme; ni vale hacerlo en un globo aerostático. ¡No es lo mismo! Faltaría tu magia y la de tus renos encantados. Entonces Santa… ¡Llévame en tu trineo a dar una vueltita! Sólo eso deseo, una colita para ver desde lo alto nuestra tierra: sobrevolar los polos, ver las hermosas montañas nevadas y los fiordos, los extensos desiertos y estepas, los grandes ríos y lagos, la inmensidad de la selva amazónica, los tepuyes, las grandes cataratas africanas, los atolones de coral del pacífico y finalmente ver una aurora boreal -sumergirnos en sus luces- con tu trineo y arruchaditos… ¡Qué tal, te lo puse facilito!

¡Pero tiene que ser ya!, este 24 de diciembre. No podemos dejarlo para luego; quizá yo no esté o quizá –al paso que vamos- no existan todas esas maravillas; o quién quita y se cumple la maléfica profecía que augura que el mundo “ique” se acaba en el 2012

Estoy lista, ya tengo todos mis aparejos: abrigo, sweter, bufanda, guantes, botas, un gorro como el tuyo…y una taparita llena de aguardiente. ¡No me embarques panzón!

Cariños de tu consecuente devota...


Caracas, noviembre, 2009
Ilustración:Rockwell

23 noviembre, 2009

Una escogencia



Allí están sentados, frente a frente, con una pequeña mesita de por medio, los dos cafés que se enfrían, y las volutas del cigarro de ella que los envuelve. Ambos saben que el momento es definitivo y definitorio... Esperanza y José Luis tenían meses sin verse, después de su tórrido romance. La ruptura –momentánea o algo así como un receso- se produjo, debido a las constantes presiones de Esperanza: ¡tienes que escoger, o yo o tu mujer! José Luis la ama, necesita de su compañía y afecto, pero es harto difícil tomar esa decisión: romper con su matrimonio, con su familia, con sus responsabilidades de hombre casado... El largo silencio fue interrumpido por Esperanza: ¿Y bien, que decidiste? No puedo abandonar a Ma. Soledad, así no. Te pido me concedas tiempo; sólo un poco más... ¡Excusas, sólo excusas!, dijo molesta e hizo amago de levantarse. José Luis la tomó por el brazo: espera le dijo, lee esto y entregó una correspondencia. Luego, dio media vuelta y salió del local.

Esperanza malhumorada rasga el sobre del Instituto diagnóstico y comienza a leer: Se ha detectado un cáncer de páncreas a la paciente Ma. Soledad de Paredes. Unas lágrimas le impiden continuar con la lectura. El texto termina así: A la paciente le restan sólo unos meses de vida…


Caracas, setiembre 2009
Ilustración Vettriano

14 octubre, 2009

Vida de perro



Juan Andrés y yo somos amigos de toda la vida; es decir de lo que va hasta ahora. Desde la primaria estudiamos juntos. Cuando comenzamos la Universidad, ambos nos vimos a la capital para cursar él Ingeniería y yo Educación. Todo lo compartimos, somos unos verdaderos panas; alquilamos un apartamento entrambos. Además tenemos un trabajo al alimón: pasear perros. Así nos redondeamos alguito, porque la beca no alcanza.

Eso de pasear perros es muy divertido. A Juan no le gusta mucho, el preferiría pasear gatos. A mi me gusta y de paso me sirve para hacer ejercicio, me pagan bien –no se imaginan lo que hacen los dueños por sus mascotas- y me tratan con consideración, porque me entregan diariamente sus “tesoros”. Nuestra jauría está compuesta por: Sandokan, el terrier marrón y blanco, Nacho un chihuahua rojizo odioso y malhumorado, Kira la bella golden retriever de pelo dorado, Pastor tal como su nombre lo indica es pastor y encima alemán y Greta una joven y estilizada dálmata. Falta nombrar a Churchill, el bulldog que es todo un caballero: muy bien entrenado: educadísimo y amoroso. Es mi preferido; es el más viejo del grupo, por lo que en muchas ocasiones tengo que cargarlo cuando el resto de los bichos decide correr.

Uno con estos seres, algo aprende sobre los humanos. Greta es idéntica a su dueña, una estrafalaria y ricachona alemana. Además como Greta tiene abolengo –se la trajeron pequeñita de Hamburgo, con una pila de papeles que testifican que ella es ella- nunca sale sin un pañuelo terciado al cuello, o un collar de pepas y un sombrerito ridículo que su ama obliga a colocarle para que no le de mucho sol en la mollera. Por supuesto que Greta ya está esterilizada, no vaya a suceder que entre Nacho y Pastor acaben con su virginidad. En regla general todo se llevan bien entre ellos, salvo cuando se incorporó Kira al grupo –yo ya creía que no podría con los que tengo- se armó tremendo “ataja perros” entre Nacho y Pastor; lo que viene a señalar que son los únicos de la partida que conservan aún sus partes pudendas en sano estado. Esfuerzo inútil, Kira también fue esterilizada, luego de parir una preciosa camada. Al chihuahua lo que tiene de pequeño le sobra de valentía; su dueño es un flaco neurasténico así que en eso del mal humor andan parejo. He debido hacer un horario muy especial, para que cuando vamos al parque no toparnos con otra jauría de paseadores que andan en las mismas. Nuevamente Pastor y Nacho –los rebeldes del grupo- se detienen a olisquear y parar la pata y marcar su territorio y emitir alguno que otro gruñido, para defender de intrusos a las damas del grupo.

Juan Andrés, todavía intenta eso de incorporar un gato al grupo. Probablemente el honor recaiga sobre el siamés de la vecina. Yo no deseo estar por todo eso cuando se de el caso, si es que se da…


Caracas, agosto 2009

01 octubre, 2009

La dote de perlas



“Que emoción más grande: ir viendo nacer un nuevo mundo, lo mismo que nace la mañana cuando sale tras los montes! “ Germán Arciniegas (Biografía del Caribe, 1993)

Yo nací con el nuevo mundo; aquí vinieron a parar mis padres –malageños de nacimiento- con las primeras naves españolas que se adentraron en estos parajes inhóspitos. Mis progenitores, en busca de mejores oportunidades y gracias a la necesidad de poblar los nuevos asentamientos de la corona, recalaron en esta rica provincia, que lo nativos llaman Cubagüa, poblada de indios güaiqueríes, negros esclavos y unos cuantos españoles aventureros y sus descendientes. A la isla anclada en un hermoso mar, su graciosa majestad Doña Juana puso por nombre Nueva Cádiz de Cubagüa... Yo me llamo María del Socorro, en honor a mi abuela paterna que hubo de quedar en el continente y ésta es mi historia...

Como ya estuvo dicho nací en Nueva Cádiz; una villa que fue creciendo –gracias a su próspera economía- hasta convertirse en una modesta ciudad colonial con casas de calicanto, tejas y piedra; la casa del Alcalde Mayor, la iglesia y una plaza que también sirve de mercado. Fui la segunda de cuatro hermanos: tres varones y yo la última de la prole. Nuestra vida oscilaba entre la tranquilidad y la zozobra cuando la isla era asolada por bucaneros franceses, o por las razzias de los caribes...Del resto, al llegar la calma, junto a mi madre nos ocupábamos de las labores del hogar: ir a misa, al mercado y alguna que otra vez frecuentar las otras pocas familias españolas aquí establecidas. Mi padre, convencido de que debía defender mi integridad física me enseñó a utilizar el arcabuz –con el cual podía a duras penas- contra cualquier francés que me topara. Empero, mi salida más aventurada era ir sola hasta la plaza del mercado cuando llegaban los cargamentos de mercadería; incluidos los esclavos. Para mi era una fiesta ver los enorme galeones que descargaban perfumadas frutas, carnes saladas –lo único fresco era el pescado de nuestro mar- barricas de aceitunas, brocados, variados enseres y los negros y negras semidesnudos con sus cadenas... La vida venía de fuera; para todo se dependía de la Real Audiencia de Santo Domingo: aquí sólo había perlas, perlas y más perlas, para explotar y mandar a España. La ciudad crecía y fue preciso amurallarla, para evitar los ataques de piratas. Cada vez venía más gente atraída por el negocio de las thenocas y el tráfico de esclavos. Era tanta la extracción de madreperlas que cuando soplaba la brisa marina, llegaba a la ciudad, desde el otro lado de la isla, la pestilencia de las ostras que luego de escogidas, se desechaban apiladas en grandes montañas de conchas que se descomponían al sol. Con éste comercio, mi padre pronto se enriqueció y llegamos a formar parte de una de las familias con mejor posición. Aquí es donde entra a participar en mi vida una mujer que supliría –con el correr de los años- la falta de mi madre. A causa de que ella, debido a su precario estado de salud, necesitó de más ayuda para el mantenimiento del hogar. Así convencimos a mi padre para adquirir una esclava. Compramos en el mercado una joven de la etnia zulú, nacida esclava en la Martinica. Fue en una fecha cercana a la navidad de 1538 o 39, no recuerdo bien, por lo que mi devota madre la hizo bautizar con el nombre de Natividad y llegó para quedarse en nuestra casa. Se le habilitó un cuartucho en el solar, a diferencia de los esclavos aherrojados quienes dormían en un barracón aparte, lejos de la casa principal.

No sabría decir que edad tenía Natividad cuando llegó a nuestras vidas. Por su porte y dentadura completa se deducía que era joven y sana, aunque mayor que yo. La acción de “civilizar” a Natividad a las usanzas españolas no fue fácil y me tomó años. Comenzamos por tratar de cubrir sus desnudeces; si vestir se entiende por un sayo de mezclilla atado con un cordón en la cintura y sin ningún tipo de calzado. Mis nociones de escritura y lectura eran rudimentarias y mi madre era totalmente analfabeta. Al devenir los años Natividad aprendió el castellano a los trompicones, a cocinar nuestros condumios y asimilar –a regañadientes y sin que por ello dejara de practicar sus rituales paganos- nuestra religión. Madre falleció de penosa enfermedad debido a una fiebre tropical –la verdad es que su organismo nunca se adaptó a este clima- y la esclava se nos hizo cada vez más indispensable. A estas alturas, la sumisa ya vivía dentro de la casa, vestía los trapos heredados de mi madre y usaba calzado; además aprendió a usar la cuchara de palo y comíamos juntas en la misma mesa. Todo lo compartíamos, éramos inseparables ya que siempre permanecíamos solas encerradas en el caserón. Debo confesar que también yo aprendí de Natividad. Me enseñó como mezclar las hierbas del pequeño huerto que teníamos en el corral, para hacer emplastos medicinales y a hacer la torta de casabe de los indios... Mi hermano el mayor, cuando alcanzó los veinticuatro años se casó con una española que habitaba en la isla de Margarita y allá se fue a vivir del tráfico de esclavos. Mi padre se vio muy contrariado por esta decisión que le trastocaba los planes de la heredad y su salud se afectó considerablemente. Prácticamente la huida de mi hermano mayor, puso a mi padre en ascuas por lo que podría suceder conmigo. Pensando quizá que mis hermanos menores seguirían el mal ejemplo del primogénito y me dejarían desamparada en cualquier momento, me llamó aparte y me entregó un pequeño arcón lleno hermosísimas perlas, con un oriente como jamás había visto, diciendo: Esto es para tu dote. No te deshagas de ellas hasta que llegue el momento. Cuando él murió aún no se había resuelto lo de mi casorio y eso que ya estaba en edad de merecer, pero las previsiones ya estaban tomadas. Mis otros dos hermanos continuaron con la explotación de perlas y yo con mi rutinaria vida al lado de Natividad.

Al sobrevenir el agotamiento de los ostrales de Cubagüa, la poca gente que para ese entonces allí vivía comenzó el éxodo hacia la cercana isla de Margarita. Mis hermanos tomaron la sabia decisión –antes de terminar en la ruina- de mudarnos también. Entonces una mañana partimos con nuestros bártulos en una barcaza a reunirnos con el primogénito de la casa. Digo que fue una sabia decisión porque meses después de estar instalados en Margarita, un terrible maremoto asoló Nueva Cádiz. Nos llegó noticia que no quedó alma viviente ni construcción en pié. Si mal no recuerdo fue en el año de 1542 ¡La naturaleza remató lo que habíamos hecho los humanos! Ya para ese momento, mis hermanos establecieron tienda aparte. Natividad y yo fuimos a vivir con ellos. Con el correr del tiempo, entraron en negociaciones de importación de mercadería provenientes de las islas del Caribe, principalmente de la Guadalupe. Fue así como conocí a Hugo Delvall, en una cena que preparamos Natividad y yo para el socio de mis hermanos.

Delvall es como yo hijo del nuevo mundo. Nacido y criado en la Guadalupe, hijo de un explorador francés –que anteriormente había pasado por Brasil- desaparecido tal como había aparecido y de madre criolla. Solterón, de mediana edad, letrado y comerciante. Con su barco de medio calado saltaba de aquí para allá por todas las islas del caribe, comprando y vendiendo cuanta cosa pueda ser comprada y vendida. El mitad francés, otrora nuestro enemigo, se introdujo en la familia y más de una vez fue invitado a tomar infusiones, con la anuencia de mis hermanos que veían en él la realización de mi ansiado casorio... Pensarlo y realizarlo fue uno solo. La dote la aporté yo con mis perlas y desposé a Monsieur Delvall quien me doblaba la edad. El gesto de pagar mi dote, me dio cierta prevalencia a la consideración de mi marido. Me mudé a la Guadalupe y por supuesto llevé a Natividad conmigo. Mi esposo un hombre gentil y próspero, me instaló cómodamente en la enorme casa de su fundo en las afueras de la ciudad. Allí tenía muchos esclavos y hectáreas y hectáreas de un novedoso cultivo, oriundo de Africa y bien ambientado en nuestros trópicos: caña de azúcar para producir melaza.

De casada mi vida cambió radicalmente, en el sentido de que ya no tuve que pasar privaciones. Mi esposo puso a mis disposición un séquito de servidumbre y comodidades que nunca pensé tener. Dada la consideración que me dispensaba, me permitió aprender a leer y escribir correctamente el castellano. Luego pude enseñar a nuestros hijos las primeras letras. En ese entonces, Natividad se ocupó única y exclusivamente en ayudar a la crianza de los niños; eran suyos por la devoción que le dedicaba. Así fueron llegando tres niñas y un niño para beneplácito de la familia. Ella creía que no era fértil, pues me contó una vez que a pesar de haber sido varias veces abusada por sus anteriores amos, nunca dio frutos. Pasados los años mi hermano mayor –que acrecentó su haber- volvió a España. Los otros dos, se casaron con criollas y permanecieron en la isla de Margarita. Delvall ya no navega; él provee la melaza y mis hermanos la distribuyen en el Caribe o la mandan a España.

Estos son mis recuerdos de Nueva Cádiz y sus perlas. Nuca intentamos ir a Europa. Nada añorábamos de allá. Devall, Natividad, los cuatro hijos que tuve y yo, somos de este mundo. Nuestra es la exuberancia de la naturaleza, el mar, las palmeras, las montañas y sus colores, la variada comida y sus múltiples sabores, la sangre mezclada… ¡En el viejo mundo no hay nada que descubrir! Cuando Natividad ya anciana me abandonó, la lloré más que a mi propia madre. La hice enterrar en los predios de la hacienda bajo una mata de coco…. Eran los albores del nuevo siglo y el mundo se ensanchaba.


CCS.octb-2009

13 agosto, 2009

El intruso.







Gato no tiene nombre, a parte de su nombre genérico, o si lo tiene yo lo desconozco. Lo contemplo desde el balcón de mi apartamento todas la mañanas; está en el estacionamiento, o sobre las murallas divisorias de los edificios, acostado al calor del sol. Dueño y señor del patio. Es un gato adulto: gris, con rayas negras, ojos verdes y marcas en el cuerpo de algunas batallas, que seguramente tuvo que librar para conseguir una compañera. En el edificio, el invasor es bienvenido o al menos no se le maltrata ni espanta. Algún vecino benefactor le da comida y agua. Cuando salgo a comprar el periódico y me topo con gato, lo acaricio y él responde al mimo. Religiosamente se ausenta en las tardes para regresar al día siguiente. Me pregunto dónde pasa la noche, pues generalmente al atardecer desaparece…

¿Dónde va gato todas las noches? Intrigado me decido a seguirlo. Al final de la cuadra de edificios hay una enorme casa; allí entra gato. La mansión está custodiada por dos grandes mastines negros. Estos intimidantes canes son sacados a pasear cuando ya baja el sol -un poco más de las seis de la tarde- por un caballero ya entrado en años. El par de perros con su correaje aparentan estar amaestrados debidamente –o al menos reprimen su supuesta agresividad- y caminan al lado de su amo, sin prisa: olisqueando aquí, levantando la pata allá. Hay un cuarto miembro en este plácido paseo. Un personaje que seguramente se invitó solo y es aceptado con la complicidad de los paseantes: gato. A prudente distancia disfruta de las vespertinas caminatas. De vuelta a casa, los mastines ya sueltos merodean el lugar y gato con habilidad, trepa la muralla y en alguna parte del jardín casero pernocta, para reponerse de sus andadas.

Nuestra "amistad” duró por años. Hace mucho que no lo he vuelto a ver, ni por el edificio ni paseando con sus amigos. Lo extraño. Dicen que los perros van al cielo. Los gatos también: por algo eran momificados como los faraones. Asumo que gato se mudó allí, sin solicitar anuencia claro está, como era su costumbre…

(Esta es otra de esas maravillosas historias reales e increíbles que me llegó por un amigo)
Foto: Jesús Alberto Yokerman: alias Chucho, en los tejados de Vancouver. 
Caracas, agost. 2009

03 agosto, 2009

Rivaldrag



El travesti patea la nocturna calle, de arriba abajo. De pronto sonó el disparo que la dejó tendida...
¿Dime ahora quién es la reina del drag queens?


Caracas, agosto 2009

24 julio, 2009

Derrelicto.



A esta playa llega cantidad de cosas. Entre los guijarros, no sólo se encuentran desperdicios de los veraneantes ; hasta botellas con mensajes náufragos hay. En ocasiones ella contestó una que otra de esas misivas traídas por las olas...

Esa mañana -tempranito- el mar arrojó algo diferente. En la playa había un cuerpo de hombre, muy lastimado pero aún con vida. A duras penas lo arrastró hasta un cobertizo cercano -de esos que improvisan los pescadores con hojas de palma- y le aplicó los primeros auxilios. A los dos días logró que bebiera y comiera. A la semana ya estaba bastante restablecido.
Pudo hablar: le contó que venía de muy lejos. Que se hizo a la mar en un barquichuelo, atendiendo un mensaje encontrado en una botella...



Caracas, 2003
Ilustración tomada de la web.

24 junio, 2009

Los joyeles.





Doña Engracia -para sus allegados Gracia- tenía quien le siguiera la corriente, o al menos de eso nos enteramos después. Era una dama estrafalaria que dada su avanzada edad y la imposibilidad de convivir entre sus familiares -por múltiples razones que ahora no vienen al caso- fue recluida a regañadientes en una casa hogar: cómoda, acogedora y muy bien atendida por personal especializado.

Doña Engracia por su carácter o quizá también por su despiste –es consabido que a tan avanzada edad el riego no funciona- parecía ser de fácil devenir entre sus pares. .. Desde el principio -quizá para llevar la contraria a las espectativas de los causantes de su reclusión- se adaptó muy bien a los horarios, las comidas y la rutina diaria. Especialmente se emperifollaba para la hora del té. Todo parecía marchar sobre ruedas, hasta que una serie de desapariciones dieron inicio al descontento y las quejas por parte de las otras inquilinas de la casa hogar. Se extraviaron mis zarcillos de perlas, dijo Doña Luisa, mi collar de corales no aparece, dijo Doña Esther, mi sortija de esmeraldas de ha perdido, dijo Doña Anita y así las protestas surgían por doquier... La única que callo fue Doña Engracia, lo que finalmente levantó sospechas dado que antes de su llegada nada de estas irregularidades ocurrían. ¡Más cómo dudar de la integridad de semejante dama !

La requisa de las pertenencias nunca fue realizada porque Doña Engracia murió en el ínterin. Todo se descubrió el día del velatorio. La prima de Doña Gracia -otra dama entrada en años- hizo los preparativos correspondientes. Doña Engracia (QEPD), fue velada con el ataúd destapado muy vestida y compuesta, casi entronizada, como fue su voluntad -para no perderse lo que estaba sucediendo en su último momento- y entre sus ya agarrotados brazos tenía una cartera abierta –cual cornucopia- llena de joyas… ¡Horror! fue el murmullo general. La prima de Doña Gracia con todo su inveterado desparpajo dijo: si no le pertenecían ahora le pertenecen y con ellas será enterrada…


Que no quede duda de la veracidad de esta historia..! Los hechos son reales, sólo se cambiaron los nombres...
Ilustración: tomada de la Web.
Caracas, junio 2009

29 mayo, 2009

Desquite.




Fue con ella que comenzó a ver el mundo de diferente manera. A captar sus luces y sus sombras; sus movimientos, los instantes que valían la pena recordar. Por su memoria pasaron todos los momentos ligados a ella. ¿Por qué no ?, se dijo.

Allí la encontró en el último rincón del viejo baúl, cuidadosamente envuelta, tal como la había dejado años atrás. Amorosamente la desenvolvió, la escudriñó a conciencia para comprobar que todo funcionaba y finalmente se la llevó al estudio. Saldría con ella para rescatarla del olvido y volver a comenzar de nuevo. Habían pasado muchos buenos momentos juntos; logrado la fama y recibido premiaciones. Precisamente a causa del renombre, optó por experimentar, adquirir otros artefactos y relegar la vieja cámara al baúl….

El día estaba radiante, así que se enfilaron camino al parque. Los colores del otoño desplegaban una gama del ocre al violeta. Que de cosas presentes: árboles, pájaros, la gente paseando sus perros, aquella chica que mete sus pies en el agua de la fuente, la viejita que da de comer a las palomas, el anciano leyendo el periódico en aquel banco. ¡Cuantos contrastes de vida! La tomó en sus manos, la colocó en la posición adecuada, el dedo en el obturador comenzó a disparar: triuu, clic, triuu, clic… ¡Funcionaban acoplados a la perfección!

Al regreso a casa –impaciente- fue directo al cuarto oscuro. Varias horas le tomó la operación. Finalmente después del secado logró ver las primeras imágenes. ¡Qué era aquello! ¿Acaso un descuartizamiento? La chica de la pileta con una sola pierna, los perros sin cabeza, las palomas desplumadas, el señor que leía, sin periódico en sus manos. ¡Se había esfumado su paciente trabajo! Todo sin colorido ni contrastes. Estaba seguro de haber utilizado los parámetros correctos para obtener el más nítido resultado: el film, el lente, la velocidad, el encuadre, todo. ¡No era un novato en estos menesteres! Su ojo no lo engañaba tan fácilmente. ¿Qué sucedió aquí ? ¿Acaso este artefacto tiene vida propia ? ¡La puta cámara me la está jugando!



Caracas, noviembre 2008

03 mayo, 2009

Consejos.



Margarita fue una joven de amores contrariados, lo que sirvió para anidar en su corazón una pasión tormentosa. ¡Ni se te ocurra fugarte con ese; ni se te ocurra acostarte con ese; ni se te ocurra parirle un hijo a ese..! Y precisamente como suele suceder, Margarita contraviniendo todas las consejas familiares se fugó con él, se acostó con él y le parió una hija.

Gracias a que mi mamá no escuchó consejos, puedo contar esta historia...

¡La vida es asin!


Caracas, diciembre 2008

04 abril, 2009

Una crónica viajera...



Partager Paris

Siempre es grato volver a París. Para decir lo consabido y cierto: una de las más bellas ciudades del mundo ¡Malgré les francaises! Máxime si se está en buena compañía, como lo hice esta vez, con Sofía Isabel. Varias veces desée hacer este periplo con ella, hasta que finalmente lo logramos...

La susodicha- es decir Sofía , mi nieta- próximamente cumplirá 16 años y entre sus inquietudes estaba conocer esta ciudad, sus museos -ver la vedette de Le Louvre, la Monna Lisa- y de paso aprovechar para escaparnos a Disney Paris; así que el paseo fue a manera de un regalo de cumpleaños de abuela a única nieta... Su adorable compañia fue muy útil. Sofía lee planos estupendamente y tiene un gran sentido de orientación. Se adueñó del Metro como una verdadera parisina; así me libré de extravíos (yo que viví hace años en esa ciudad) También cumplimos nuestra hazaña: subimos la Tour Eiffel por las escaleras ¡Comme il faut!

Como dicen por allá en Málaga ¡Lo pasamos pipa! Sofía tomó unas fotos bastante buenas, a pesar de lo nublado del día. Allí les dejo una muestra...

Paris, abril 2008

27 marzo, 2009

Aquelarre.


(a Nereida)


Tengo una amiga que le dio por cambiarse el nombre. Ahora se llama Gertrudis. Traté de hacerla desistir, decirle que me parecía nombre de bruja, pero no pude… ¡Agarró su escoba y salió volando!
Caracas, 2002


Ilustracion: de la propia Gertrudis

09 febrero, 2009

Amistad impersonal.



Los amigos no se hacen, se reconocen. Vinicius de Moraes.

Hace años vi en el cable una peliculita inglesa, sobre un grupo de amigos que se interrelacionaban constantemente mediante la telefonía celular. En la película, los integrantes del grupo (tres chicas y dos chicos) presencian el parto de una de las amigas, por ésta vía. Hecho que no podría darse en persona, máxime en Inglaterra donde la medicina está socializada y tú te resuelves solito (es decir sin familiares) en los hospitales.Y me vino a la mente esta película, porque recientemente en un intercambio de opiniones mantenido por el correo electrónico (para abreviar e-mail) con otra persona (obvio..!) ésta sostiene que a través de este medio es decir: Internet, correo electrónico e imagino que por extensión mediante celulares no se llega a una amistad verdadera ya que la comunicación se realiza a través de un medio impersonal. ¡Quedé estupefacta! Mi respuesta no se hizo esperar: ¡Impersonal! ¿Quiénes son los que comunican sus pensamientos, ideas, opiniones y sentimientos por este medio?: Robots, alienígenas, cucarachas, o personas. ¿Cómo es posible que gente se interrelacione íntimamente, tenga sexo y hasta llegue a casarse a través de Internet si el asunto es tan “impersonal”?
Recuerdan a Marshall Mcluhan. ¡El medio es el mensaje! ¿Qué es lo que en verdad interesa el contenido o el contenedor? Imagino a mi abuelito diciéndole a mi abuelita, después de escribir una hermosa y larga carta de amor, que no haga mucho caso de lo escrito, porque a fin de cuentas, la tinta y el papel son algo impersonal. La era de las telecomunicaciones ha modificado en mucho las relaciones mediante las llamadas redes sociales. Qué más intimidad puede exigirse que ver y escuchar en el monitor a la gente desde su casa -ligeros de atuendos- conectados por Skype.
¿Qué baremo aplicamos para clasificar a nuestros amigos ? Estamos claros que hay conocidos. compañeros de trabajo y amigos, que según los consideremos el trato será diferente. Hay unas amistades más íntimas que otras (por ejemplo mis invaluables amigas); unas más antiguas que otras; unas que van y vuelven; unas hechas mediante trato directo y otras mediante Internet. Creo todo depende del grado de apertura mental y el sentimiento que se le ponga al asunto. Indudablemente que con ciertas personas tenemos más afinidades que con otras; con ellas tratamos de relacionarnos más prontamente y buscamos intimar. En el transcurso de ese intento puede florecer una amistad entrañable y hasta el amor.
Me comentó una amiga psicóloga -cuando abordamos el tema- que mediante la comunicación virtual la gente se desinhibe y son capaces de expresar asuntos “espinosos”. Son muchas las personas que se cohíben para expresar sus pensamientos face to face. También me indicó que el riesgo de engaño o de lealtad es igual, pues esas son condiciones inherentes al ser humano.
En la Red, la gente está pendiente el uno del otro: chateamos, enviamos correos, salutaciones, videos, canciones, noticias buenas o malas y artículos que suponemos puedan ser de un particular interés. Gente que ocupa un espacio de su tiempo para dedicarlo a mí persona. Personas que me redclaman. Si esa situación se alarga en el tiempo; cómo no voy a considerarlos mis amigos. ¿Acaso no los frecuento mucho más que mis amigos de trato personal ? A esa “gente virtual” les he tomado cariño, han formado parte de mi diario vivir y cuando les ha tocado partir de la Red, lo he sentido sinceramente. Hay otros que cual cometas, dan vueltas. A lo mejor vuelven a aparecer, a lo mejor se pierden para siempre. Esos sólo fueron conocidos virtuales, pasajeros -más o menos efímeros- que nos brindaron un breve intercambio sin realmente profundizar, pero no impersonal. Simplemente las circunstancias así lo determinaron.
Esto no significa que deba ser sustituida la presencia en aras del trato virtual ni viceversa, aunque no deja de tener sus ventajas, como todo en esta vida (la moneda tiene dos caras). Por ejemplo: si tiene un amigo fumador y a usted le molesta el humo del cigarro, ¿Qué mejor que interrelacionarse por la Red sin invadir el espacio del otro? Bueno eso hasta los momentos, pues ya llegará un japonés que se le ocurra incorporar olores a la Red. ¡Válgame Dios!...
Bien se dice que uno no escoge a la familia que le toca, pero si escoge a sus amigos y creo que se les reconoce independientemente del medio que los llevó a encontrarse.


Caracas, noviembre 2008

01 febrero, 2009

Cuando se apagan las luces...



y se ilumina la pantalla, entramos a un mundo mágico. No importa la edad, siempre nos dejaremos atrapar por el cine. Recuerdo cuando era muy joven que mi padre, para ese entonces miembro fundador del Círculo de Cronistas Cinematográficos de Caracas (CCCC) * me llevaba a cuanta función, estreno o festival cinematográfico se presentara en la capital. Por cierto que mi papá no ejercía ningún tipo de censura al respecto -a veces el sueño era el censor- sólo se limitaba a orientarme sobre lo que vería haciendo énfasis siempre en la calidad artística de los directores e interpretes y los valores estéticos del film en cuestión. Generalmente en éstas sesiones, alguno de los miembros del CCCC conocedor de la materia, dictaba una pequeña charla o introducción acerca de lo que sería proyectado. Gracias a esto, vi mucho cine internacional de calidad, que por allá por los 50-60 las distribuidoras traían al país. Creo que gracias a ésta experiencia y con el correr del tiempo me he formado cierto criterio al respecto, que he venido enriqueciendo con textos de crítica cinematográfica como los de los ya fallecidos: Juan Nuño (una veta no muy conocida de éste filósofo) y del novelista cubano Guillermo Cabrera Infante; amén de las reseñas cinematográficas que mi padre escribía. Nunca perdí el interés y asistí a talleres y cursos de apreciación cinematográfica. Ahora, para no desactualizarme, reviso las páginas web y los múltiples blogs que sobre la materia se encuentran en Internet.

Disfruté de proyecciones de variadísima índole: cine mudo, cine de post-guerra, neorrealismo italiano, western, cine negro, musicales hollywoodenses, cine experimental, dibujos animados y pare usted de contar. A veces me dormía si el film era de Bergman. Empero luego que he vuelto a ver sus películas en mi adultez, me causan otro efecto: me patean el alma. Para ese entonces, los realizadores no contaban con la cantidad de recursos y adelantos que existen hoy en día y tenían que ingeniárselas para realizar esas secuencias que hoy nos parecen tan naturales y corrientes. Nada de películas de efectos especiales, sonidos y trucaje, ni aplicación de computadoras, recursos de los cuales se vale hoy la industria cinematográfica para complacer a sus millones de seguidores en todo el mundo.

Si algo hay que en verdad está globalizado es el cine. Hoy más que nunca nos encontramos películas con un director gringo o chino; un reparto que incluye actores italianos, alemanes o australianos; guiones escritos por latinoamericanos; musicalizadores y camarógrafos asiáticos o africanos y rodadas en cualquier lugar del mundo donde se ofrezcan las necesarias condiciones –especialmente de costos- para finalizar procesadas en un estudio inglés o canadiense. El cine independiente –ese que no se rige por las imposiciones de los grandes estudios: MGM, Warner, Universal, etc- también ha incursionado en el mercado con no menos buen pié y hasta festivales fuera de los grandes circuitos tienen: Sundance. Los documentales merecen mención especial, ya que han logrado una calidad que los hacen meritorios al momento de competir. En cuanto a reconocimientos, actualmente se incluyen varias categorías: distribuidores, directores, guionistas, actores y actrices, técnicos (diseñadores, iluminadores, efectos especiales, etc) es decir que festivales y premiaciones cinematográficas hay por doquier y han llegado a convertirse hasta en un atractivo turístico.

Es sabido que la industria cinematográfica ha debido plegarse a las actuales exigencias del mercado y a la desleal competencia hecha por la TV por cable, los DVD, la WEB todos esas tecnologías, amen de la piratería. Será muy cómodo traer el cine a casa, pero es muy diferente la sensación que percibimos cuando ya instalados en la sala (con servicio VIP si se desea), sentados en una butaca reclinable, se apagan las luces y se ilumina la pantalla. O quizá ese efecto me sucede, porque tengo en mi subconsciente las muchas vivencias compartidas con mi papá, en una sala de cine.

Entonces, los invito a disfrutar de una de las secuencias fílmicas de mi preferencia: http://www.youtube.com/watch?v=wEFugVbzsSo

*ver: cuandoestuvieron.blogspot.com


Caracas, febrero 2009

25 enero, 2009

Benito.




 Llegó a casa como llegan todos los rapaces -sin invitación- de improviso. Apareció una lluviosa mañana: enjuto, embarrialado y aterido de frío. Imposible averiguar su verdadera índole con tal aspecto. Llegar e instalarse fue una sola cosa. Fue creciendo y de raquítico y palurdo adquirió un aspecto fuerte y vigoroso. Se convirtió en un digno representante de su especie. Ahora estaba bien cuidado, alimentado y especialmente querido por todos. Bueno, por casi todos, pues sus correrías nocturnas por el vecindario le granjearon más de una enemistad.
Era tan altanero y se sabía tan único que hasta se permitía traer sus invitados. Otras veces traía sus trofeos de caza -como una ofrenda- que depositaba en el piso de la cocina. Así demostraba su agradecimiento, su afecto, o su petulancia. Nos integramos a él con el transcurrir del tiempo. Era uno más de la familia…

Un buen día desapareció tal como había llegado, intempestivamente. Pasaron los días, las semanas, los meses y hasta el sol de hoy no le he vuelto a ver... Sus hormonas dominantes tuvieron mayor peso que los beneficios que le brindamos. Sin ninguna consideración para conmigo, Benito se fue tras una hembra. Sólo espero que algún día logre encontrar la dirección...
Me dejó su marca ¡No se vive impunemente con un gato! Desde entonces soy devota de los siameses.

Caracas, 1998
Foto: Froyisberto, que vive en Málaga.

18 enero, 2009

Imcertidumbre.




Quién escucha tu voz,
a quién acaricia tu mano,
quién disfruta el placer de tu risa.
A quién penetra tu mirada,
qué cuerpo recorre tus besos,
a quién protege tu abrazo.

A mi sólo corresponde
tu vagarosa incertidumbre...


Caracas, may0 2006

04 enero, 2009

Flores para Tita (teatro breve)



Personajes:

Hombre 1: de mediana edad. Frisando los 50 años, ya pinta canas. Muy bien trajeado: ropa oscura, corbata negra. Carácter introvertido.
Hombre 2: un poco más joven que el otro. Aproximadamente 30 años. Trajeado con ropa deportiva corriente. Carácter extrovertido.
Mujer : joven. Vestida modestamente, a la moda.

....................

Epoca actual.
Un acto, una sola escena:


La obra se desarrolla en un cementerio, en horas de la tarde.
Deberá aparecer en escena una tumba con una lápida diagonal. Su inscripción visible al público, donde aparecerá el siguiente texto: Tita Melián (1960-2005). La tumba tendrá a un costado, un jarrón para depositar flores. Diagonal a la tumba un banco de madera con respaldo. Espacioso para que quepan dos personas. El banco debe estar de cara al público. Cercano al banco, pero no de cara al público, un bote para echar la basura. A prudente distancia de esta escena, un árbol. Algunas otras lápidas cercanas. Vegetación y grama en el entorno. Música tenue de fondo.

Al abrirse el telón, el hombre 1 apesadumbrado está sentado en el banco, con un ramo de lirios blancos en las piernas. En la tumba hay una ramo de girasoles ya marchitos. El hombre mira fijamente la tumba. Luego de un momento, suspira profundamente y se enjuga unas lágrimas.

En ese preciso instante entra a escena el hombre 2 ,sin reparar en el personaje que se encuentra en el banco. Se dirige a la tumba, saca las flores marchitas del florero y colocas los girasoles. El hombre que está sentado, frunce el seño en señal de extrañeza, pero no le dirige la palabra. Cuando el hombre 2 termina de colocar las flores frescas, recoge las muertas y se dirige al bote de basura para echarlas. En este momento se percata del otro hombre.
.............................................................

Hombre 2: (va hacia el banco y se sienta)
-Buenas tardes.
Hombre 1: (pregunta señalando hacia la tumba, con la mano).
-Buenas tardes. ¿Su amiga ?
Hombre 2:
-¡Podría decirse! Si, creo que eso éramos. Compartimos muchas cosas.
Hombre 1:
-¿Está seguro?
Hombre 2:
-¿Seguro de qué ?
Hombre 1:
-De eso, de compartir muchas cosas.
Hombre 2:
-Claro, la conocí por tres años.
Hombre 1: (extrañado)
-¿A Tita ?
Hombre 2:
-Si, claro. ¿Por qué pregunta? ¿Acaso viene usted a poner flores en la misma tumba ?
Hombre 1:
-Exactamente. ¿Le extraña ? A mi me llamó la atención conseguir esos girasoles.
Hombre 2:
-¿Por qué ? Ella merecía eso y mucho más.
Hombre 1:
-Seguramente...

(Ahora los hombres se miran con desconfianza y comienzan un diálogo capcioso)

Hombre 2:
-¿Usted también la conocía ?
Hombre 1:
-¡Desde hace mucho!...Tanto sabía de ella que le traje lirios blancos. Su flor preferida.
Hombre 2:
-No. mi Tita adoraba los girasoles.
Hombre 1:
-La mia siempre tenía lirios blancos en los jarrones de la casa. Era un ritual que cumplía cada viernes...(rememorando) Odiaba los girasoles. Decía que no eran flores. Que en vez de dar perfume daban aceite para freir.
Hombre 2:
-La Tita que yo conocí decía que los girasoles eran muy inteligentes porque amaban al sol. En el apartamentito, el único cuadro que había era una reproducción de unos girasoles de un pintor holandés, medio loco según me contó. Además que yo recuerde, no era muy dada a las labores domésticas. Siempre estaba viajando.
Hombre 1:
-¿Y eso por qué?
Hombre 2:
-Cuestiones de trabajo. Era aeromoza.
Hombre 1: (cada vez más desconcertado)
-¿Aeromoza?
Hombre 2:
-No se extrañe. Es una profesión como cualquier otra. A las mujeres les vienen muy bien. ¿Y usted, en que trabaja?
Hombre 1:
-Soy abogado. Ejerzo por mi cuenta.
Hombre 2:
-¡Ah! Yo tengo un pequeño negocio...
(Rebusca en el bolsillo de la chaqueta y saca unos cigarrillos, que le ofrece a su interlocutor. Este los rechaza con un gesto de agradecimiento. Enciende uno para sí)
-Ella, no fumaba. Siempre me peleaba el vicio. (pausa)
Como le vengo diciendo. Soy de los despedidos de Pdvsa. Tengo un pequeño negocio. Una franquicia, que me está costando mucho mantener. Con eso del control de cambio. Usted sabe.
Hombre 1: (Coloca las flores a un lado, en el banco y se gira un poco para hablar directamente de cara al hombre 2)
-Si no le molesta ¿Me puede hablar un poco más de ella ?
Hombre 2: (rememorando)
-¿Qué le puedo decir? Era una mujer maravillosa. Siempre alegre, llena de vida. Extrovertida, un poco alocada. Ocurrente. Jamás me dijo su verdadero apellido. De acuerdo a como se sintiera interpretaba a Sharon Stone, a Penélope Cruz, o de cuero negro a Angelina Jolie. A cualquiera que se le ocurriera.
(con picardía) ¡Y mejor no le cuento los personajes que asumía en la cama!.. (pausa) Nos veíamos una vez a la semana. Siempre estaba muy ocupada volando. (sonríe) ¡Pero como aprovechamos esos momentos !
Hombre 1:
-Mi esposa Tita, era una mujer muy dedicada a la familia. Muy de su hogar. No conocí otra igual de responsable. No abandonaba sus quehaceres. Salvo los jueves. Iba al gimnasio o la peluquería, o a jugar canasta con sus amigas. Usted sabe, como son las mujeres con sus amigas. Una cofradía impenetrable e indescifrable para nosotros los hombres. Era un mujer de buen carácter. Nunca quiso usar su apellido de casada. Decía que no se sentía identificada con él. Por eso hice poner en la lápida su apellido de soltera. (suspira) Su único exceso y eso fue los últimos años, era tomarse todo los jueves.
Hombre 2: (evocando)
-La conocí una mañana en un café. Creo que esperaba a unas amigas. Allí se fueron haciendo más seguidos nuestros encuentros. ¡Que coincidencia! Ahora que recuerdo esos encuentros eran los jueves... Me contó que era divorciada y aeromoza. Yo también soy divorciado. Dijo que tenía que trabajaba para mantener a su Mamá. Allá en Mérida.

Hombre 1:
-Si no fuera porque usted me describe a esa mujer tan diferente. Juraría que estamos hablando de la misma persona. ¡Sin ánimo de faltarle a mi fallecida esposa!
Hombre 2: (se levanta, se saca la chaqueta. La coloca en el espaldar del banco. Se vuelve a sentar)
-Quizá estemos hablando de dos mujeres diferentes. ¿Cuantas Titas existirán? Por lo pronto, en este cementerio no hay otra tumba con ese nombre. ¿Quizá todo sea coincidencia?
Hombre 1:
-Yo si sé cual es ésta. Fue mi mujer durante 14 años.
Vivimos un matrimonio bien avenido. No tuvimos hijos. Ella no podía. Eso no fue impedimento para llevarnos bien. Creo que precisamente por eso vivíamos el uno para el otro. ¡Salvo los jueves! Era el único momento en que nos separábamos de mutuo acuerdo. También opte por reunirme con mis amigotes ese día. ¿Que le puedo decir ? ¡Tita vivía para hacerme feliz !
Hombre 2:
-¿Su mujer? ¡Coño, no puede ser! Debemos estar confundidos. Mi Tita vivía en un pequeño apartamento. En el centro de la ciudad. Tan pequeño que ni cocina había. Además para qué, si ella ni hervir agua sabía. La dieta la proveía yo. Pizza, Arroz chino, McDonal´s. Cualquier cosa que se recalentara en el micro-ondas. Y cervezas, eso si. Mucha cerveza. Terminé por tener las llaves de casa. Preparaba todo. Luego ella hacía su entrada triunfal. Fue allí donde me llevó la primera vez. Allí nos seguimos viendo religiosamente. Una vez a la semana, durante tres años. Hasta el fatal accidente.
Hombre 1:
-¿Ah, es que murió en un accidente ?
Hombre 2:
-Sí, se estrelló en su carro. Fue algo horrible. Todo me lo contaron. Yo no estaba ni llegué a verla.
Hombre 1:
-¡Ve! En cambio mi Tita murió de eso que optamos por llamar eufemísticamente un mal incurable. Eso que hasta nos da miedo nombrar... Como si fuera contagioso. Así como la atacó se la llevó. De repente.
Hombre 2:
-Yo me enteré después. Fui dos veces al apartamento. No tenía ni donde telefonearle. Tita odiaba los teléfonos celulares. Opté por continuar la rutina. Al cuarto jueves; casi enloquecido por su desaparición, pregunté a la conserje del edifico. ¿Sabe algo de la señora del 42? ¿Acaso me había dejado algunas señas ? Me informó, con mucha imprecisión, que Tita había tenido un percance. En principio creía que se había caído el avión. El hombre del café donde íbamos ocasionalmente, me habló de un accidente aparatoso. Que creía estaba enterrada en este cementerio. ¡Para mí el golpe fue tan grande! Ni me paré a verificar detalles.
Hombre 1:
-O sea que alguien pasó la información. ¡Seguramente una de sus amigas ¡ No te dije. (directamente a su interlocutor) ¿Porqué te puedo tutear, verdad ? Esas tienen una red secreta de información y espionaje. ¡El sexto sentido.¡ Mi mujer y la red de cuaimas, eran adictas al teléfono celular. Cuando no me contactaba ella, lo hacían sus amiga. ¡No joda, me tenían controladísimo! Donde estuviera y a cualquier hora ... (pausa)
Cuando Tita supo lo que tenía, no quiso hacerse tratamientos ni nada. Aguantó hasta lo más que pudo sin calmantes. Siempre decía que ella no se quería verse al espejo como una bola de billar.
Hombre 2:
-¡Que cosas no! Cuando a una mujer se le mete una vaina en la cabeza...
Hombre 1:
-Si vale. No hubo forma de hacerla cambiar de opinión. ¡Que carajo ¡ Opté por no contrariarla y dedicarme a complacerla. Para que viviera según su real gana sus últimos años. Me decía a mi mismo, que quizá haciéndola feliz viviría más tiempo.
Hombre 2:
-Sin ser nada científico, en tales casos hay que agotar todas las posibilidades. ¡Yo iría hasta Sorte!
Hombre 1:
-Nosotros no... Es decir, con Tita íbamos a misa pero no con fanatismo. Ella se lo tomaba con calma. Creía a conveniencia. Eso sí, le encantaba una boda. No se porqué le gustaban tanto las bodas. Siempre terminaba llorando cuando los novios se daban el “si quiero”.
Hombre 2:
-Yo nunca supe si mi Tita era creyente o no. La verdad es que teníamos poco tiempo para hablar. Menos de cosas profundas.
(con picardía ) ¡Tu me entiendes!
Hombre 1: (se estira)
-¡Claro, chico! Yo en tu caso hubiera hecho lo mismo. Ahora que hablamos de estas vainas. Siempre he sido un tipo tranquilo. Por eso mi Tita me vino como anillo al dedo. ¡No es que no me gusten las mujeres ! En la Universidad, tuve una mari-novia. Cuando ya estaba ejerciendo conocía a Tita. Luego me dejé de eso. (pausa)...Ahora de viudo, no se como voy a pasarlo. Tan acostumbrado que estaba a que ella me hiciera todo. Se me hizo imprescindible. ¡Ya ni el nudo de la corbata me sé hacer !
(evoca, con cara de tristeza) Me preparaba el baño todas las mañanas. Llenaba la tina. Apartaba la ropa, que me iba poner. Con decirte que ella me combinaba el color de la camisa con las medias y los calzoncillos. Cuando me desvisto en el gimnasio del club, los carajos colegas míos me maman gallo. Me dicen que si soy gay. Toda mi ropa interior es finísima. Ella la compraba. Después me daba mi cafecito recién colado. Un besito de despedida... (pausa. Suspira)
Hombre 2:
-En cambio yo no duré nada casado. A los dos años ya estaba separándome. Encontré a mi mujer con el compadre.
Hombre 1: (se burlá con sorna)
- ¡Gua! Por ahí dicen que compadre que no le pasa la mano a la comadre no cumple con el sacramento. (carcajadas)
Hombre 2: (molesto)
-¡Ahora vas a hacer chercha comigo! (pausa)
Lo que lamento es el muchachito que casi ni conozco. Le paso mucha plata mensualmente. El debe jurar que los reales se los deja San Nicolás. ¡La cuaima de mi ex-mujer es una ladilla con eso de los reales! Por eso para mí la relación con Tita fue un paraíso. No pedía nada y daba en demasía. ¡Y tan buena que estaba ! Al natural. No tenía silicona por ninguna parte.

(la escena va cambiando. Ahora comienza a oscurecer)

Hombre 1:
-Mi Tita no es que fuera una belleza. Se le podía jugar un quintico. Cuando se arreglaba bien y se ponía esas pintas tan caras, se veía elegantísima.
Hombre 2:
-Pues yo tuve mejor suerte. Mi Tita se veía preciosa y apetecible, metida en ese uniforme de azafata. (con rabia) A veces me daba celos de los pilotos. Me contaba que había ido a París, Londres, Helsinsky. ¡Yo ni siquiera sé donde queda esa vaina! La única vez que me monté en un avión, fue para venirme de Carúpano.
Hombre 1:
-Nosotros viajábamos cada vez que se podía. Nuestra luna de miel fue en Venecia. Tita adoraba Venecia. Moría por todo lo italiano. Dolce y Gabbana, Versace, Prada. No faltaba a una ópera, en el Teresa Carreño. Iba con sus amigas y sus culturosos gays. A mi la ópera me da sueño... Nos gustaba el cine. Leíamos. Ella novelas románticas. Yo mis asuntos de derecho. ¿Sabes que compartíamos ciegamente ? ¡La cocina y los buenos vinos!
Hombre 2:
-Yo nunca llegué a compartir nada de eso. Poníamos boleros. Le encantaba las canciones empalagosas de Juan Gabriel. Siempre le reglaba girasoles. ¡Disfrutaba consintiéndola ! La verdad es que tres años fueron poco tiempo. Para los amantes el tiempo ni alcanza ni pasa. Cada encuentro era como si fuera un comienzo. (suspira) Nos metíamos en nuestro nidito de amor. Tú te imaginarás el resto. Tita decía que ella no deseaba salir. Que estaba harta de patear por las ciudades de donde venía. Sabes, ahora que te cuento estas cosas, ella me daba unos masajes increíbles. Me dijo que lo aprendió en un viaje a Tailandia.
Hombre 1:
-Al principio de novios, Tita no soltó prenda. En los primeros años de matrimonio, cuando se enteró que no podía tener descendencia, se dejó de tantos impedimentos. Ni condones. Ni diafragmas. Ni pastillas. Hacíamos el amor desaforadamente. Con el inexorable tiempo y la costumbre, siempre se cae en eso del coito marital. Nosotros no fuimos la excepción. Con todo, nunca le fui infiel.
Hombre 2:
-¡Con estas mujeres nunca se sabe! Recuerda que el hombre se coge a quién puede y la mujer a quién quiere. Yo siempre he estado claro en eso. Ellas tienen la sartén por el mango. ¡A mí para eso del casorio no me vuelven a agarrar!
Hombre 1: (mira el reloj)
-¡Coño, es tardísimo! Tengo que pasar por el despacho.
(se levanta, coge los lirios blancos y se dirige a otra tumba cercana para robarse el florero. Se arrodilla. Coloca el florero con las flores al otro lado de la lápida. Voltea la cabeza dirigiéndose al hombre 2)
-¿Tú en verdad no vas a averiguar si ésta es la tumba de tu Tita? ¿Que tal si estás trayendo flores a la tipa equivocada?
Hombre 2: (se levanta. Agarra su chaqueta. Busca en sus bolsillo)
-Mira, a propósito. Aquí traigo una foto-matón que nos tomamos los dos. Es la única que tengo...
(La muestra al hombre 1 que ya terminó de colocar las flores. Ambos permanecen de pié uno frente al otro)
-Hombre 1: (saca unos lentes del bolsillo interno de su saco. Se los coloca. Ve la foto detenidamente. Se toma su tiempo. La cara se le va congestionando)
-¡Carajo... Si ésta es mi Títa !
(furioso se abalanza sobre el hombre 2. Lo agarra del cuello)
¡ Desgraciado... Coño de madre ! Te estabas cogiendo a mi mujer.
Hombre 2: (se defiende. Forcejea con el hombre 1 por un momento. Se gritan. Se golpean. El hombre 2, que es más joven, lanza al suelo al hombre 1)
-¡Coño, que pasa! Quien iba a saber la vaina... ¡Cálmate ! Ya para que te vas a arrechar. Encima Tita ya está muerta.
Hombre 1: (aún en el suelo boca abajo, llora)
Hombre 2: (recoge la foto que ha caído al suelo. Permanecen un momento así. Luego el hombre 2 estira el brazo y levanta al hombre 1, que se sacude la ropa. Ambos se recomponen )
-¡No me jodas! Ni idea que estaba haciendo cornudo a alguien...

(Entre tanto aparece la mujer en escena, con un ramo de flores variadas en los brazos... Se queda inmovil viendo la refriega. Los hombres vuelven a litigar, sin notarla.)

Hombre 1: (se le abalanza nuevamente)
-¡ Desgraciado, malparido !
Hombre 2: (lo empuja)
-¡Aquiétate ! Ya es muy tarde para esto... Lo que pasó, pasó. Ambos creímos los que nos dio las gana de creer con Tita.
Hombre 1: (quejumbroso)
-¡ Pero me duele.. Me arrecha !
Hombre 2:
-Así son los cachos. Al principio duelen. Después uno se acostumbra. ¡Si lo sabré yo !
Hombre 1: (ahora riendo)
-¡Que cagada, no! A mí me pareciste muy sospechoso desde el principio. Cuando te vi trayendo esos pavosos girasoles, pero preferí no dudar de mi Tita.
Hombre 2:
-De hecho ella no engañó a nadie. Tú tenías una Tita y yo tenía otra Tita. A ambos nos hizo felices. Ambos la hicimos feliz. Eso es lo que importa ahora que está muerta... ¡Ella siempre será única para cada uno!
Mujer: (tose para llamar la atención. Levanta la voz)
-¿Se puede saber que sucede aquí? ¿Ya ni en los sepulcros hay paz ?

(Los hombres acallan su discusión; la miran.)

Hombre 1:
-Tiene razón señorita. Discúlpenos.
Hombre 2:
-¿Usted también viene a visitar a Tita.? ¿Era su amiga?
Mujer:
-Bueno, ceo que si... Nos hicimos amigas en el salón de belleza.
Hombre 1:
-Era mi mujer, sabe.
Mujer:
-¿Su esposa? Nunca me dijo que fuera casada. ¡Mire que en esos sitios se oye cada cosa!
Hombre 2:
-Para que se termine de enterar, era su mujer y por los visto también mi amante.
Mujer:
-¡No puede ser!.. ¿Quién lo diría? (ríe)
A lo sumo me pareció algo excéntrica. Así como muy fantasiosa.
Pero no creí nunca que llegara del dicho al hecho.
Hombre 1:
¿Cómo así? Acláreme, por favor.
Mujer:
-Bueno, era muy ingeniosa. Recuerdo que decía que para conseguir al hombre ideal, se necesitan dos tipos que se complementen. (hace un gesto pícaro con la cara)
Hombre 2:
-¿Y usted cómo se enteró de su muerte?
Mujer:
-Por el salón de belleza. Fue una noticia muy desagradable.
Hombre 1:
-¿ Le vendieron la versión del accidente ? ¿O acaso otra ?
Mujer:
-En verdad me dieron pocas explicaciones. Que estuvo internada en una clínica. Supuse que sería un infarto intempestivo. ¡T¡ta no aparentaba estar enferma !
Hombre 1:
-No fue así. Tenía un mal incurable, que no quiso atajar a tiempo.
Mujer:
-¡Cuánto lo siento!.. Imagino que se reconcilió con ella misma. Terminó viviendo como pensaba y no pensando como vivía, como hacemos todos.

(pausa: todos cabizbajos. Silencio.)

Hombre 2:
-Usted perdone. ¿Cuál es su nombre?
Mujer:
-Beatriz. Pero me dicen Bea.
Hombre 2:
-Nunca la escuché nombrar.
(dirigiéndose al hombre 1) ¿Y tú?
Hombre 1:
-Tampoco. ..
Mujer:
-Estamos a mano. Yo nunca escuche de ustedes. En la peluquería conversábamos de todo un poco. Especialmente de cosas divertidas. Yo le hablaba de mis viajes. Soy aeromoza.
Hombre 2:
-¡Ahora se de donde nutría sus historias.!
Mujer:
-¿Por qué lo dice?
Hombre 2:
-Porque en todos estos años que estuvimos juntos, siempre me hizo creer que era aeromoza. En cambio su marido, aquí presente, (señala al hombre 1) mantiene que ella nunca trabajo fuera del hogar.
Hombre 1:
-Señorita Bea, es una larga historia de contar y un poco rocambolesca.
Hombre 2:
-Así es. Nosotros vinimos a descubrir que la amada persona que está en esa tumba, es la misma pero diferente. Y usted viene a terminar de encajar las piezas.
Mujer:
-Bueno, por lo visto a profundidad no la conocí ¿Pero cuando se termina de conocer a alguien? Sería francamente aburrido. Creo que lo que importa aquí, es que por lo visto, nos hizo felices a todos.
Hombre 1:
(suspira ¡Si, así fue!..
Hombre 2:
-Permítame ayudarla con las flores. Se está haciendo tarde y van a cerrar. A ver donde las colocaremos.
(hace amago de buscar un recipiente, pero no encuentra ninguno. Coloca las flores en el suelo cerca de la lápida)
Mujer:
-Gracias. Debo reconocer que para mi fue una corta pero fructífera amistad. A estas alturas no vale la pena ocultar nada. Tita y yo éramos algo más que amigas… Así que tendremos que repartirnos el pésame..

(los hombres se miran con cara de desconcierto. Luego le estrechan las manos ala mujer. Se retiran todos. Los dos hombres caminan delante de la mujer. Uno al lado del otro.)

Hombre 1:
-No se diga más. Vendremos los jueves a traer flores para Tita. Tú con tus girasoles, yo con mis lirios.

(Se giran cara a cara. Colocan una mano sobre el hombro del otro, a manera de despedida.)

Hombre 2:
-¡De acuerdo! Hasta el jueves, pues.
Hombre 1:
-¡Hasta el jueves!

(La mujer queda rezaga. Voltea hacia la la tumba y dice en voz baja)
-¡Querida, no imaginas cuanta falta me harás!...


(Hacen mutis por el foro. Suena música suave. Las luces se apagan. Telón)



Caracas, junio 2006