27 diciembre, 2008

Intimidad.






Juan Pablo y Ofelia intercambiaron números telefónicos en una reunión de trabajo a la cual asistieron. Desde ese momento –ya hace varios meses- se llaman frecuentemente y mantienen largas conversaciones sobre lo humano y lo divino. Cuando no conversan, se envían mensajes de texto o fotografías. Finalmente consideraron que esa amistad podría transformarse en algo más y deciden comer juntos...

Juan Pablo llega primero al restaurante y se acomoda en una mesa. Para acortar la espera pide un wisky; a los minutos llega Ofelia. Un momento de desconcierto al estar frente a frente, no les permite saludarse formalmente: ni con un apretón de manos, ni con un beso en la mejilla ni con un abrazo. Sólo dicen ¡Hola! Cada uno en su asiento frente al otro; Ofelia juega con los cubiertos. Juan Pablo se bebe el wisky de un solo trago. El mesonero irrumpe entrambos. Cada quién pide lo que desea comer, más un refresco para Ofelia. Nadie rompe el silencio. Se miran de soslayo y esbozan unas sonrisitas nerviosas. El se zafa la corbata; ella saca su polvera. Los minutos se hacen eternos sin proferir palabras. Juan Pablo tocado por una idea luminosa se levanta, atraviesa el salón y va a instalarse en la mesa más recóndita. A los segundos Ofelia siente el tintirintintirin de su teléfono móvil. Cuando ve que la llamada es de Juan Pablo sonríe. ¡Que bueno que llamaste! ya estaba desesperada…

¿Vas a almorzar, Ofelia ? Yo también...¿Qué pediste?



Caracas, diciembre 2008
Ilustración sacada de la web.

13 diciembre, 2008

El Oso solitario.





(para Emiliano Antonio, en esta Navidad.)


En el frío polo norte vivía un Oso blanco muy grande y hermoso. Como todos los de su especie, vagaba por esas inmensas extensiones de hielo en busca de alimento. Quizá encontraba una foca, o un caribú para cazar y calmar su apetito. Siempre solitario; hasta que en uno de esos largos veranos polares -con mucho revuelo para el silencioso lugar- apareció una expedición de científicos, cargados de aparejos: carpas, instrumentos, trineos y por supuesto los necesarios guías Inuit con sus perros para tirar de los trineos. Nueve preciosos perros Huskys –machos y hembras- unos de plateado pelaje, otros rojizos. A uno de estos perros, grande y fuerte llamaban Dominó por el color de su pelaje negro y blanco.

Dominó era inteligente, ágil y resistente. Era el perro alfa de la jauría; a él corresponde ser el cabecilla en los arneses, al momento de halar del trineo. Era muy respetado: el primero en comer, el primero en afrontar los riesgos en tan aventurado desempeño y el último en acostarse a dormir muy acurrucado para soportar las ventiscas y el intenso frío.

En una ocasión en que todos descansaban – hombres y animales- nuestro Oso solitario, atraído por el coro de aullidos de los perros se acercó sigilosamente al campamento. Los canes –salvo los que dormían- al ver al enorme Oso se acurrucaron temerosos. Dominó apenas presintió la cercanía del intruso se mantuvo en guardia muy atento, con sus orejas tiesas escuchando las pisadas del oso en la nieve. Nuestro perro se incorporó –atado a su cadena- al ver frente a sí la enorme masa de pelaje blanco que poco a poco se le avecinaba. Se puso firme en sus patas , pero no mostró sus comillos ni tampoco ladró al Oso, que prácticamente gateando se fue acercando más y más. El perro comenzó a olfatear a su visitante. El Oso en señal de sumisión se volcó patas arriba jugueteando con Dominó. Ese encuentro fue decisivo para entablar una amistad. Todas las noches –noches polares de sol- el viejo Oso venía a visitar al perro: ambos se echaban uno al lado del otro. Luego de horas de juego y reposo, el Oso se retiraba y el can se preparaba para emprender su diaria tarea de halar del trineo. A veces, en sus largas incursiones de estudio, los expedicionarios veían un oso que rezagado y desde lejos seguía la caravana…

Una mañana cuando los Inuit fueron a disponer los perros para engancharlos al trineo, consiguieron la cadena de Dominó rota. Se extrañaron, buscaron por el lugar y dedujeron –porque no había rastros de violencia- que quizá el buen animal se habría extraviado en la ventisca. No lo buscaron más y pronto lo reemplazaron por otro perro joven a la cabeza del correaje. Entre tanto el Oso y Dominó -el uno al lado del otro- emprendían camino por el glaciar, lejos muy lejos, libres, felices y amigos.


Caracas, diciembre 2008

(Este cuento, está basado en un hecho real reseñado en Internet...La ilustración pertenece a la serie de fotos tomadas por Norbert Rosing.)

11 diciembre, 2008

La vuelta al mundo.


 

Harta gente embarcamos en desta aventura por hacienda y honores, para salir desta nuestra mísera condición. ¡Agora con el correr del tiempo, dícese que acometimos la tan desemejable acción de circunnavegar el mundo! Ansí a pesar de los ruegos de mi madre por ser aún mozalbete –un grumete nunca sobra en una nao- me alisteme en la expedición de mi Capitán Don Hernando. Todo os lo contaré detalladamente: los dilatados mundos, otros seres, otras bestias y vegetación innombrables para nosotros. Mar y cielo por meses, por años. Ríos caudalosos que parecían mares. Montañas de hielo. Un silencio sepulcral y el maldito viento ora tempestuoso ora calmo, que nunca aparecía y manteníanos varados en deste paraje de pesadilla. Nativos que agora no me atrevería a juzgar de salvajes, dado que nos acicateados por el hambre, desfallecientes por el escorbuto y el beriberi, ateridos de frío -extraviados en mares procelosos- llegamos a cometer peores fechorías... Vide al santo convertirse en pecador y al hombre convertirse en bestia. ¡El sobreviviente que no niegue que yantó de los muertos! Vide el tesón de mi capitán Don Hernando, ante las vicisitudes y deserción de sus pares, la pérdida de sus naves y finalmente caté su duecho conocimiento de la geografía y la navegación al adentrarse por deste estrecho de Todos los Santos, que pensábamos nos llevaría al infierno...

Luego conocí del paraíso: ínsulas encantadas, con clima benigno, llenas de frutos carnosos, jugosos y coloridos. Cantos de aves nunca antes escuchados; peces diversos. Conocí las especias aromáticas. Nativos aguerridos, tan valientes como cualquier soldado de los tercios de Su Majestad. Supe del dolor cuando vide a mi Capitán Don Hernando morir en batalla en una ínsula que mientan Mactan y por último, soy uno de los pocos venturosos que logró llegar nuevamente a casa en la única nave que pudimos rescatar. Quizá por mi juventud, quizá gracias a la providencia a quien mi buena madre oraba a diario, durante desos luengos años que duró mi travesía. No lo podría asegurar. Fuime de mi terruño mozalbete y llegué convertido en hombre.

Hagamos una pausa y refresquemos el gaznate, Maese Pigafetta: ¡ventero, acá dos pintas más! Prenda papel y pluma vusía, que desconoce la aventura completa y comience a escreber -a duras penas sé garabatear mi nombre- empero los recuerdos anidan en cualquier mente... Zarpamos con cuatro de las dichas naos bien apertrechadas y doscientos treinta y cuatro almas, dese Puerto de San Lucar un año de 1519…

Caracas, diciembre 2008

08 diciembre, 2008

Pasamos a formar cadena...





"Entre febrero 1999 y mayo 2008, Chávez Frías ha pasado 2.544 horas sermoneando al país por radio y televisión, el equivalente a 318 días laborales, un año y medio hablando entre siete y ocho horas diarias" . Antonio Pasquali.

 

A Cristina la sacaron con camisa de fuerza, en medio de una pataleta. Enrique no se explicaba cómo le había podido suceder aquello. Su mujer nunca dio demostraciones de violencia, ni de haber perdido el juicio. Después de mediodía, la muchacha de servicio alarmada, llamó a su oficina. ¡Don Enrique vengase rápido. La señora tiene un ataque y está acabando con todo! Enrique no perdió tiempo en pedir detalles. Como una exhalación salió disparado al llamado de auxilio.

Cuando llegó a su casa, todavía le duraba el ataque a Cristina. La mujer daba gritos y la emprendía a batazos contra el televisor mientras profería improperios. Enrique no sabía –o no se atrevía- cómo detener aquello. Sería muy arriesgado enfrentársele a Cristina, quien no daba demostraciones de agotamiento y seguía golpeando y maldiciendo a voz en cuello. Optó por llamar a la ambulancia. Los paramédicos lograron sedarla y colocarle la camisa de fuerza. Ahora su ira se transformó en llanto. Mientras, Enrique compungido, no encontraba cómo consolar a su mujer. Ella en voz queda, gimiendo decía: ¡Hasta cuando, hasta cuando, las malditas cadenas..! No lo soporto más. ¡Ya basta, basta! Yo, lo único que quiero es ver la telenovela en paz.



Caracas, junio 2008

25 noviembre, 2008

Legajos.





El bogado Quijano; regordete, gruesas gafas, maletín repelto, especializado en derecho sucesoral, se adentró en el laberinto de pasillos con altos anaqueles donde reposan los antiguos Libros de Registro y legajos abandonados. Buscaba títulos de propiedad para la solución de uno de sus pleitos.

No era nada inusual verlo frecuentar la oficina del Registro Público. Todos allí lo conocían, así que a nadie llamó la atención que esa tarde el abogado Quijano rebuscara –con la dedicación de un amanuense medieval- en los documentos polvorientos. Lo único extraño fue que el letrado llevara en un bolsillo de su gabardina un carrete de cordel. A todos llamó la atención verlo atar la punta del cordel a la pata de uno de los anaqueles, pero antes que le preguntaran dijo nerviosamente: es que la última vez casi me pierdo entre los corredores y me dio claustrofobia. Nadie comentó nada más y el personal continuó en su ajetreado lleva y trae. Quijano se puso en autos.

A medida que avanza expurgando folios el carrete se desenrolla lentamente. Las luces del depósito de anaqueles se encendieron y Quijano se percató de lo avanzado de la hora. ¿Hay alguien allí? gritó, pero nadie respondió a su llamado. Volvió a intentarlo, hasta que se enteró de que estaba solo en el lugar. ¡Se marcharon todos y me han dejado aquí encerrado! Una súbita angustia lo invadió. Los documentos que tenía en las manos, fueron a dar al piso. Comenzó a sudar frío y a faltarle el aliento. En un gesto automático se zafó la corbata. Agachado trató de recoger los papeles esparcidos. Tuvo la feliz idea de buscar en su bolsillo el carrete que lo sacaría de la maraña de estantes. Efectivamente, allí estaba casi consumido. Haló de la tira, haló otro poco y cual no sería su sorpresa al percatarse que sólo tenía en la mano un pedazo de cordel…

El abogado Quijano, no tuvo un detalle en cuenta: los ratones que pululan en el depósito del Registro Público.


Caracas, 1999

15 noviembre, 2008

Sherezade.





La esclava comenzó su relato. El sultán reclinado escucha atento.
De pronto se incorpora: ¡Guardias, guardias!, llévensela. ¡No merece el perdón!
Esa historia ya la viví en Las mil y una noches..


Caracas, noviembre 2008
Ilustración sacada de la Web.

02 noviembre, 2008

La cautiva.


Descendió del bus con el grupo de turistas. Lo primero que escuchó de la chica que servía de guía fue: Por favor no se dispersen. Hizo caso omiso. Sus pasos cobraron independencia y se dejó llevar…

Caminó, caminó y caminó. Cómo no adentrarse en ese embrujo. Todo lo que le habían contado, todas las recomendaciones que le hicieron, no se comparaba con lo que veía, con lo que escuchaba, con lo que olía. Alquerías, zócalos de alicatados, albercas y patios delicadamente trazados. Columnas estilizadas rematadas en bellísimas volutas, bóvedas y mocárabes. Perfumados jardines: granados, buganvilias y azahares. Nidos y trinos. El correr del agua por acequias y fuentes. ¡La poesía hecha arquitectura! El aire mágico que el lugar emana lo obliga a abstraerse de todo... Jamás había visto una hermosura tal, un monumento grácil que invita al sosiego, sin la magnificencia agobiante como los que está acostumbrado a visitar. Llegado a El Partal, anonadado por tanta belleza, se sienta a la orilla del jardín a tomar un respiro... Con el resto de luz de la tarde aprovecha y toma unas fotos. Luego comienza a descender por una vía empedrada; topa con una torre. Curioso trepa por las estrechas escaleras. Llega arriba sin aliento. Se asoma por un ajimez y contempla en el aire fresco del tardecer el Albaicín y a sus pies la Medina granadina lejana.¡Así lo debe haber visto Irving!, pensó... Una pequeña ráfaga de aire helado lo saca de su contemplación. Siente un bisbiseo. Voltea; no está solo. Una figura de mujer envuelta en la bruma está en la habitación. No puede distinguirla claramente. Va ataviada a la usanza morisca, con un velo que le cubre la cara. Tratando de salir de su estupor estira un brazo con ademán de asir la etérea figura. Nada, no atrapa nada... Despavorido, sale de la habitación y corre escaleras abajo. Continúa a paso rápido, jadeante, hasta llegar donde está su grupo.
¡Lo dábamos por perdido!, dijo la chica. ¿Por qué está tan pálido? ¿Acaso se siente mal? No responde, alcanza a esbozar una sonrisa. Seguro se adentró en los predios de Doña Ana de Solís, La Rumía dijo la chica riendo. Los hombres no deben ir solos a esa torre... Venga tome un vaso de agua y le cuento la historia. ¡Pero usted no creerá en aparecidos, verdad! Verá, lo que he de narrarle sucedió ciertamente y ahora se ha convertido en leyenda.

Fue mucho tiempo atrás, en época de los Nazaríes. Una castellana llamada Isabel de Solis, fue vendida en un mercado de esclavas,  al emir Muley Hacén...
Málaga, febrero 1999
Ilustración tomada de la Web.

15 octubre, 2008

A mi manera.



Juanito revisando su trabajo, ¿Acaso dicté el Quijote así?
Maestra, lo hice a mi manera. ¡Total, el orden de los factores no altera el producto ..!


Caracas, setiembre 2008

30 septiembre, 2008

Un manojo de cartas.






Buenas tardes. Jaime alzó la vista del periódico.Frente a su mesa estaba un hombre de mediana edad. Buenas tardes, respondió. ¿Es usted Jaime?, sí el mismo. Se levantó y dijo: siéntese, por favor. El hombre retiró la silla y se acomodó de cara a él. Pidieron dos cafés y dos vasos con agua. Bien, sabrá por qué lo cité aquí... Pues en verdad no lo tengo muy claro, respondió Jaime. Tenía necesidad de conocerlo. Al principio pensé en venir armado y acabar con usted; pero luego pensándolo calmadamente concluí en que ya no valía la pena después de todo lo sucedido... ¿Fue usted quién dejó las flores?... Si, respondido secamente Jaime... Verá, cuando me enteré sentí un odio enorme hacia usted; lo que pensé fue en matarlo, pero en consideración a mis hijos y nietos, preferí tomarme las cosas con calma... El sentimiento es recíproco, le dijo Jaime. Yo pasé años odiándolo a usted, en cambio su odio es reciente... Yo pasé años, sabiendo de usted y compartiéndola de a poquitos.... Ricardo, yo a usted y a toda su familia los conocía por fotos. Usted ni sabía de mi existencia... Ya ve, ambos llevamos el mismo rencor y el mismo dolor dentro, pero ahora ya es inútil tomar represalias. Tampoco sería justo acusarla a ella; al menos yo siempre supe a que atenerme... Nos tocó vivir la vida así y ya no tiene caso culpar a nadie. ¿No cree usted que es más conveniente atesorar los gratos momentos que nos deparo Mercedes?... Sólo le pido que esto no llegue a conocimiento de mis hijos. Pierda cuidado, acotó Jaime. Mercedes siempre me hizo entender que su familia estaba por encima de todo... Ciertamente, creo que por eso no se atrevió a irse con usted, dijo Ricardo apesadumbrado... ¡En fin!, no demos más largas a ese asunto: tenía curiosidad por conocer a mi rival y entregarle lo que conseguí entre las cosas de Mercedes, que me revelaron la verdad... Una verdad a medias, dijo Jaime... Ya teníamos cierto tiempo distanciados, entre otras cosas por su enfermedad y porque yo opté por casarme. Sin embargo mantuvimos nuestra correspondencia... Ricardo lanzó sobre la mesa un paquete de sobres atados con un listón amarillo. Se puso de pie en silencio. Jaime ni siquiera hizo amago de despedirlo. El hombre le dio la espalda y se alejó. Jaime se quedó sentado unos minutos más contemplando el atado de cartas... Pidió la cuenta; metió el empaque en el bolsillo de su abrigo; recogió el periódico y se alejó lentamente…



Caracas, octubre 2008

13 septiembre, 2008

Instrucciones para hacer pis en un baño público (sólo para damas)






Queridas féminas, en vista de lo aparatosos que se nos convierte efectuar nuestras micciones en un baño público –si es que acaso se consigue- les adelanto algunas sencillas instrucciones, para aliviar estos menesteres, a saber:

- Cargue siempre toallitas kleenex o un rollo de papel toilette. Generalmente en los baños públicos este material escasea. Quizá encuentre papel de periódico, pero no es recomendable su uso, pues la tinta de los mismos destiñe, mancha la que te conté y por consiguiente la ropa interior. Así que previamente –al hacer la consabida cola- tenga su papelito a mano.

- Raramente estos sanitarios tienen un gancho donde colgar algo. Han sido previamente desprendido y no reparado. Si usted porta una cartera, algún paquete, bufanda o chaqueta, deberá ingeniarse para tener las manos libres. Por consiguiente térciesela en bandolera o colóquesela debajo del brazo, o sobre la cabeza, o sobre la tapa del tanque del agua si no se encuentra roto, que es lo más factible.

- ¡Nunca se siente en un retrete público! Salvo que esté usando un sanitario en un país de primer mundo, donde están recubiertos con un papel que se recicla automáticamente. O quizá en un ultra sofisticado water japonés, de esos que hasta le lavan el culo. Desgraciadamente este no es nuestro caso. Si apoya allí su trasero, lo mínimo que puede agarra es una candidiasis (vulgo: hongos vaginales). Haga sus necesidades a distancia de la taza. Medio en cuclillas, con mucho equilibrio, para que ni se chorree con sus propios meaos, ni los mismos caigan fuera del perol, como casi siempre ocurre.

- Como estos sanitarios públicos generalmente están en las mismas condiciones que los baños de carretera, si usa pantalones no olvide remangárselos y sujetarlos con las rodillas. Evitará que los ruedos se mojen con los orines que hay en el piso. Las pantaletas, caerán sobre los pantalones. En esta cómoda posición adopte la instrucción anterior. Si utiliza una falda y a la vez usa faja, mejor aguántese hasta llegar a su casa. Total dicen que las mujeres tenemos una vejiga social.

- Las toallas sanitarias u otros desperdicios, no deben ser lanzados al interior del retrete. Bien claro lo dice el aviso que está pegado en la puerta del sanitario y rayado con groserías. Los desechos van a la papelera colocada al efecto; pero antes recomponga sus prendas de vestir, sin dejar caer las cosas que tenga debajo del brazo (en este punto hay que volverse malabarista.) Por cierto, el diseño de tal adminículo –las papeleras- es tan ingenioso, que usted deberá darle con el pié para abrirla y así proceder a tirar el desperdicio. Como la mentada bicha abre al revés (¡hay que darle un Nobel al que inventó este diseño!) el papel se devuelve e infaliblemente cae al piso y termina agrupándose con los otros que alfombran el lugar.

Si las usuarias han seguido al pié de la letra, lo que el aviso indica, todo deberá marchar tan bien como aquí se ha descrito. Pero si acaso alguna tuvo la feliz ocurrencia de saltarse las instrucciones y lanzó papel, la toalla sanitaria, o cualquier otro desperdicio en el retrete y este se tapó, prepárese para salir del cubículo a saltos con los pantalones a medio colocar… ¡Agua va !

- Al terminar de efectuar todas las simples operaciones anteriores, seguramente querrá usted lavarse las manos y retocarse el maquillaje. Aún sigue con la cartera y el paquete terciados bajo el brazo. Los coloca sobre el mueble del lavamanos, sin percatarse que el mismo está todo chorreado de agua jabonosa. Como no hay toallas de papel, a nadie se le ha ocurrido limpiarlo. Si consigue un lavamanos que funcione, o tenga agua, proceda a enjuagarse las manos y sacudirlas al aire, para medio secarlas.

- En algunos centros comerciales, teatros y restaurantes de lujo, se consiguen sanitarios en ciertas mejores condiciones, con secadores de mano automáticos muy ruidosos. ¡Ponga usted sus manos bajo el calor; cuide que no se le caliente la cartera! Estos sanitarios están mantenidos por unas señoras, que modestamente dejan un platito o bandejita a la vista con unas cuantas monedas sueltas. Una forma muy sutil de pedir la propina respectiva. No salga sin dejar algo, no sea pichirre, considere a esa ciudadana que debe limpiar toda la porquería que dejamos las usuarias..

Finalmente un comentario desagradable. Los baños para mujeres en sitios públicos siempre van acompañados de unas colas interminables. Dadas las circunstancias se entiende el porqué. Lo que me molesta sobremanera es que mi acompañante masculino después de haber hecho uso del sanitario de hombres, donde tardó si acaso medio minuto en asomar y sacudir el que te conté (seguramente sin posterior lavado de manos), me esté esperando con cara de aburrimiento y me diga ¿porqué tardaste tanto?


N.B.: Los japoneses que son muy ingeniosos, han inventado un adminículo para aliviar el despacho de la orina femenina : un cono que se adhiere a la entrepierna y permite a la dama, hacer pis de pie. O sea, que de paso también nos permite superar el freudiano complejo de castración o envidia del pene. ¡Oh maravilla! finalmente logramos equipararnos con los hombres. Falta comprobar si el aparato funciona y no se chorrea uno todas las piernas y zapatos. ¡Suerte!



Caracas, mayo 2008

06 septiembre, 2008

La sentencia.







Las murmuraciones en los conciliábulos de la corte eran temerarias y muy variadas. Las provincias del sur en continuos alzamientos, estaban entorpeciendo la buena marcha del imperio. Finalmente llegó el momento de la reunión del Consejo. El Gran Khan precedía la ceremonia. El jefe de las provincias del sur, relató con lujo de detalles las escaramuzas acometidas contra los insurrectos. No obstante, ni el Khan ni el Consejo se mostraron satisfechos con las medidas adoptadas. Su ejército no actuaba según lo esperado; no arrasaba con los poblados levantiscos. Los infiltrados policiales no lograban dar con el paradero del líder de los revoltosos. Las puniciones no estaban a la altura de los persuasivos refinamientos habituales: lentos desmembramientos, inmersión en acuarios con peces carnívoros, baños de miel con horda de hormigas, buitres devoradores de entrañas. El Consejo quedó en silencio después de escuchar los pormenores... El Gran Khan en su inmensa sabiduría, ordenó decapitar al jefe de las provincias del sur al amanecer. Empalideció, mas no hizo ninguna mueca ni derramó lágrimas. Prosternado ante el emperador, dijo: ¡Gracias, generoso y magnánimo señor, me has aliviado de cometer una ignominia! Lo sé, respondió el Gran Khan, yo también tengo un hijo…


Caracas, setiembre 2008
Ilustración sacada de la WEB.

31 agosto, 2008

Tiempo de lecturas.



La visita en el tiempp.

Después de muchos años de haber leído la primera edición, por allá por los noventa, tengo nuevamente en mis manos La visita en el Tiempo de don Arturo Uslar Pietri. Demás está decir que son Arturo fue la mente más lúcida de nuestro siglo XX Por ésta novela, se le otorgó el premio Príncipe de Asturias de las letras en 1990 y el Premio Rómulo Gallegos en 1992.

La Visita en el Tiempo, es una novela histórica o una historia novelada y como bien dice Arráiz Luca en el prólogo, Uslar Pietri fue uno de los primeros cultores del género, cuidado si acaso no su iniciador. Esta novela fue escrita por Don Arturo entre sus 82 a 84 años, lo que demuestra una vez más su nada común capacidad mental. Es la primera novela del escritor donde aborda un tema no venezolanista. Sus anteriores trabajos, tales como Las lanzas coloradas u Oficio de difuntos, son de ésta índole y sirven de referentes a nuestra nacionalidad. Imagino que una gran labor investigativa debió realizar el escritor para ubicarnos con tanto fundamento en las cortes de Carlos V y Felipe II.

La novela retrata la vida de don Juan de Austria y su destino marcado por el azar. Un personaje cautivante en el que se amalgamó la gloria, la ventura y el infortunio; al cual le tocó desenvolverse entre la bonanza producto del descubrimiento del nuevo mundo y en contraparte el ascetismo propio de la corte castellana. La descripción de los personajes, las intrigas palaciegas, el juego del poder entre España, Francia, Inglaterra y el Papado. Las batallas: Lepanto y Flandes; la presencia de las costumbres y la sutil descripción de los encuentros amorosos, conforman una envolvente trama que narrada con maestría hacen de esta novela algo digno de volverse a disfrutar. Empero para aquellos que no aún no la conocen, no me cabe dudas que tendrán un feliz encuentro con esta aventura histórica.

Nota aparte merecen las buenas ediciones de El Nacional, a precio solidario. El volumen que nos ocupa, pertenece a la colección Arturo Uslar Pietri donde se han editado, hasta el momento: Oficio de difuntos y El camino de El Dorado.


Caracas, agosto 2008

26 agosto, 2008

Que en paz descanse.



Día de agotadoras compras en la gran manzana. Mi amiga Analuisa y yo hemos caminado mucho y venimos cargadas de paquetes, soportando el sopor veraniego, el calor que despiden los vehículos y muchas personas en las calles.

Una apremiante necesidad de evacuar micciones nos acomete. Pasamos frente a una funeraria. ¡Metámonos aquí! Con el asunto de los oficios ni siquiera notarán si somos o no parte de los deudos, o amigos que vienen a dar el pésame. Logramos escabullirnos. En nuestro precario inglés solicitamos el sanitario. Cumplida la misión, nos dirigimos a la puerta. Notamos el catafalco en el centro, pocos cirios, sin flores y unas pocas personas alrededor. Antes de trasponer la puerta, somos detenidas por un señor muy serio, amable y respetuoso, quien nos conmina a firmar el libro de visitas. Mi amiga y yo nos miramos asustadas, pero para no pasar por la pena de decirle que sólo entramos para usar el sanitario, optamos por firmar. El señor revisa el libro y nos indica que nuestros datos están incompletos, que por favor los llenemos con más precisión: nombre, nacionalidad, dirección del hotel, en el cual estábamos alojadas y todos esos detalles. Nosotras conteniendo la risa y abochornadas porque nos descubrieran la travesura, cumplimos al pie de la letra toda la solicitud. Terminamos, dimos las gracias y salimos de prisa…

Rápidamente enfilamos hacia nuestro hotel -que quedaba a varias cuadras de allí- entre comentarios jocosos: ¡Estos gringos si tienen vainas!, ¡primera vez que me registro pa´echar una meaíta! Jajaja… Cuando contemos esto en Caracas, no nos lo van a creer. Esa noche cenamos en la habitación y nos quedamos viendo la tele. Mañana sería otro día agotador. Nos levantamos temprano bajamos a la cafetería del hotel a desayunar. Al pasar por el lobby del hotel para dejar la llave de la habitación, nos entregaron un sobre que venía dirigido a mi nombre. ¿Usted está seguro que es para mi?, no conozco a nadie en NuevaYork. Allí figura su nombre y numero de habitación, señora.

Intrigadas, nos fuimos a sentar en unas de las butacas del recibidor para abrir el misterioso sobre. Efectivamente era para mi. Dentro venía una carta explicativa que indicaba que el Sr. X había testado que se le diera 1.200 dólares a las siete primeras personas que asistieran a su velatorio y además había sendos cheques del CityBank, por esa cantidad para nosotras.


(Esta rocambolesca historia está basada en un hecho real.)

Caracas, julio 2007

16 agosto, 2008

Cartas del desamor (I)




Querida Remedios,

Lo cortés no quita lo valiente, así es momento que te diga que, hasta aquí me trajo el río... Aprendí que, si sigo haciendo lo que estoy haciendo continuaré obteniendo lo que estoy obteniendo... Tu amor se me ha convertido en mucho ruido y pocas nueces... Ni lavas ni prestas la batea; el que no te conozca que te compre... Se te olvidó que el amor es una planta que se riega entre dos; primero hay que dar para recibir... Puesto que el que quiere besar busca la boca y como cuidar es querer; lo que hace importante a tu flor es el tiempo que le has dedicado... Contigo soy el último orejón del tarro... Lo que es igual no es trampa... Recuerda que, para que te amen hay que hacer que lo valga, de lo contrario todo misterio dura tres días y como te dicen “la bella” te crees la última coca-cola del desierto, más ahora que te ha dado por levitar...¡Así quién te alcanza..!...

Desafortunadamente, a veces el viaje más largo es la distancia entre dos personas... Pero como no hay mal que por bien no venga; he decidido ser feliz porque además, es bueno para la salud... ¡Si te ví no me acuerdo..!Mauricio


pd. devuélveme mis mariposas.

Caracas, agosto 2008

03 agosto, 2008

Casandra.



La sacerdotisa consultó el oráculo y lanzó su nefasta profecía...
¡Es un ave de mal agüero! dijeron unos. ¡Nuestras murallas son inexpugnables! dijeron los soldados. ¡Está delirando! dijeron ellas...

Esa noche, un caballo entró y acabó con la ciudad.


Caracas, agosto 2008
Ilustración: Casandra; tomada de la web.

29 julio, 2008

La cita.



Es de pensar que una cita tan casual no debe afectarla tanto... No consideró, que si ese encuentro nos vuelve a ubicar donde estuvimos hace veinte años, sus consecuencias pueden ser devastadoras…

Tampoco imaginó la imprudencia que cometía al telefonearle. Lo vio en un programa transmitido por televisión y se le ocurrió localizarlo para felicitarlo por su acertada intervención... Quedaron en encontrase en una pastelería. Innegable que los años pasaron para ambos. Pero aún así seguía siendo encantador. Al menos en ella seguía ejerciendo cierta perturbación...Unas cuantas tazas de café los puso al día: Sigo de profesor y me casé, cansado de esperarte… Yo me divorcié y ahora tengo nietos... Se reavivaron los recuerdos, con su mano entre las de él.

Llegó el momento de despedirse. Caballeroso, para conducirla hasta su auto, la tomó de la cintura así como lo hacía antes en la Universidad. Un pequeño espasmo le recorrió la espina dorsal. ¿Acaso él lo noto?.. Los protocolares besos en las mejillas y un fuerte abrazo concluyeron la cita.

Le afectó dejarlo. Todos los demonios internos se le revolvieron durante el recorrido a casa... Los recuerdos aparecieron en avalancha causando una conmoción. Lloró con las entrañas un llanto ahogado y profundo. Sacó en claro, por qué estaba sola. Comprendió que siempre lo había buscado en los otros hombres de su vida.

Caracas, abril 2007


Ilustración Vettriano

06 julio, 2008

Alegato.


Su Señoría, permita usted que mi defendida haga un último alegato por su causa, antes de dictar sentencia. No es lo usual, pero le concederé unos minutos: ¿Señora, qué tiene usted que decirnos?

Verá usted su Señoría y señores integrantes del jurado. No pido clemencia, sólo deseo expresar aquí los motivos que me llevaron a cometer tan abominable crimen:

Me casé siendo muy joven, siguiendo los consejos de mi señora madre: busca un marido, serio, responsable, trabajador, de su casa. ¡Mi pobre madre nunca pensó que ese fue el peor consejo que me ha podido dar! Así creyendo haberlo encontrado, desposé -joven, enamorada y tonta- al que fue mi marido por varios años. Doce largos años en los cuales compartí el peor de los suplicios. Lo más insensato que puede hacer una mujer ante el altar, son votos de eternidad con este tipo de individuos.

Los síntomas de mi marido se hicieron visibles a los pocos meses de casados: lacónico, de pocas risas y divertimentos. Indiferente ante cualquier intento lúdico o licencioso de mi parte. Para él una “salida” significaba acompañarme al automercado a hacer las compras. Una “cena especial”, consistía en pedir pizza a domicilio. Finalmente –inocente yo- me percaté que mi marido pertenecía a la camada de hombres que no poseen ninguna graciecita ni inventiva. Son perdidamente rutinarios y desaboríos de nacimiento. Infiero que debe ser una tara genética, ya que el asunto no tiene cura y se incrementa con el correr de los años, como es de esperarse. O sea que mi esposo era un adelantado a su época senil. Paradójicamente, resulta que hasta motivo de envidia era yo entre mis amigas casadas, que no habían corrido con la “suerte” de tener un marido “tan casero”.

Yo me iba transformando en un ser anodino, sin ganas de vivir, sumisa y dependiente. ¡Mis mejores años carcomidos por el tedio! Él entre tanto, no hacía nada por introducir ideas innovadoras que aliviaran la carga matrimonial, ni sacarme de mi aletargamiento. Fíjese usted, su Señoría, que las actividades diarias de mi marido estaban rigurosamente planificadas de por vida: de la casa al trabajo y viceversa, se servían siempre los mismos platos -él era incapaz de testar un nuevo sabor- así como también su desempeño sexual: tal día, a tal hora, en tales condiciones y tal cantidad de veces al mes.

Así transcurría mi mísera y desesperada existencia. Era la envidia de mis amigas –como ya lo dije- y yo las envidiaba a ellas. Las sentía vivas, alegres o sufrientes, con retos que superar. Lo que me hizo deducir que a pesar de los pesares, es más enriquecedor convivir con un hombre imprevisible. Quizá más riesgoso, pero la vida es riesgo y reto. ¡Lo que me faltaba a mi y necesitaba urgentemente! Infería que mis amigas tenían más ventajas que yo, pues en caso de querer divorciarse de algunos de esos disolutos que les había tocado en suerte, podrían argumentar que el esposo le salió borracho, o parrandero, o mujeriego, o jugador. Cualesquiera de esas causales son aceptadas por el código civil y por nuestra sociedad para acabar con el sagrado vínculo. En cambio yo estaba angustiada, perdida; la causal "marido aburrido" no es motivo de divorcio ¡aunque debería serlo!, así que al tener todas en contra, no me quedó mas certidumbre que la viudez.

Es todo lo que tengo que decir, su Señoría…



Caracas, julio 2008
Ilustración sacada de la WEB.

16 junio, 2008

Redondilas de silicona.


¿Dime que más puedo hacer
si mis amores rechazas?
Traté siempre de agradarte
y tenerte consentido
fuiste siempre lo primero
jamás, nunca, suspendido,
cuando buscaste cariño
u otras satisfacciones.

Sin un dolor de cabeza
nunca rechacé tu anhelo,
¡muy mal que te acostumbré!
te creíste el gran Visir.
¿Yo a cambio que recibí ?
me volviste tu estropajo,
pero esto hasta aquí llegó
todo tiene su final.
He optado por remozarme
y dejarme de llorar,

Me hice la cirugía
todita me acomodé
a ver si por fin lograba
me volvieras a querer.
Ahora todo ha cambiado
¡ni pienses que te amaré!
Con estas tetas que me hice
ni me ocupo en regresar…



Caracas, junio 2008
Ilustración tomada de la WEB.

14 junio, 2008

Blindada.


(a Cosme, inmemoriam)



Después de mucho regatear, la adquirí en un mercado de pulgas. La verdad es que no sé que bicho me atacó, para empecinarme en comprarla. Su antigüedad y su teutónica procedencia fue garantizada; de hecho y a simple vista se veía su calidad, su porte artístico –como todas esas cosas de antaño delicadamente acabadas- y una especie de misterio -su inviolabilidad- que la hacia atrayente. En definitivas, me aseguré que quedaría genial -un toque kitsch- en la remodelación del apartamento y pedí me la llevaran a casa…

El hombre entró sigilosamente por la ventana. Un haz de luz me despertó bruscamente. ¿Ah, que sucede? ¡Párate y abre la cajafuerte! ¡Ya voy! Dando tumbos y encañonado caminé hasta la sala. Frente a la caja metálica me puso de rodillas: ¡Abrela! ¿ Onde está la llave? No hay tal, usa combinación. Es un antigüedad y me la vendieron sellada. ¡Tu crees que soy pendejo! Abre esa vaina o te quiebro aquí mismo. Por favor, cálmate y déjame explicar. Esta cajafuerte es sólo decorativa, la compré en una chivera y me la vendieron así, sin llave, sin combinación. ¡Por favor, es la verdad! Fíjate esto sólo da vueltas, nada más. Jamás han sabido que tiene adentro, si es que tiene algo. !Llévate lo que cogiste, vete ! No te estoy mintiendo. Me asestó un manotazo. Búscate cualquier vaina: un alicate, un destornillador, una palanca. Nadie tiene en su casa una de estas sin nada adentro. ¡Dale rápido, que estoy apurao!

¡Ok. pero cálmate! Vamos a ver que podemos hacer. !Cuidado con esa pistola! Fue a la cocina -seguido del ladrón que me apuntaba- rebusqué y consiguí una palanca rota repuesto del vehículo. Encañonado, sudando frío, comencé a apalancar la puerta de la caja de hierro. Pasaron varios minutos; veinte o más. Mis intentos fueron en vano. ¡Ayúdame aquí! le dije al ladrón. ¡Por favor, no te desesperes! Esta vaina esta pegada. Entrambos hicimos toda la fuerza posible. La puerta medio cedió y dejo ver una pequeña rendija. El tipo me dio un empellón. Con la linterna iluminó el interior del artefacto. !No joda, aquí no hay un coño! ¡No te lo dije! Luego, propinó una patada a la caja metálica, que volvió a cerrase.

¿Tienes carro? Siempre apuntándome con su arma, bajamos al estacionamiento. ¿Ahora, cual é? y no trates de engañarme, que te mato. Le abrí la puerta automática; subió al vehículo y arrancó como una exhalación. A todas estas ya casi amanecía. Subí nuevamente a mi apartamento: exhausto, golpeado y en un total estado de crispación. Lo primero que vi al abrir la puerta, fue la maldita cajafuerte. ¡Te vas!, hoy mismo salgo de ti.


Caracas, mayo 2004

05 junio, 2008

¡Dónde están las condenadas medias!




Esas que más precisamente se denominan calcetines - usadas por hombres, mujeres y niños- que nosotros llamamos medias tobilleras y que no sé por cuál causa, desparecen como por encantamiento.
Los calcetines, fueron adoptadas por los romanos, de los pueblos germánicos, que supuestamente se cubrían los pies para repeler el frío con una especie de envoltorio hecho de pieles. Los romanos no usaban esta prenda, utilizaban el calceus de cuero y ajustado al pié, que vienen siendo un zapato. De esta denominación –calceus- derivan calcetín y calzado. Para hacer el cuento corto, las calzas se alargaron en la edad media, hasta cubrir las piernas y fueron utilizadas sólo como ropa interior. Hasta el siglo XV sólo los hombres usaban calzas o medias. Las mujeres al llevar vestidos, utilizaban el zapato con la pierna y los pies descubiertos. En el siglo XVI, esta prenda fue introducida en la vestimenta femenina dividida en dos piezas: la parte superior recibió en castellano el nombre de calzas o calzones y la parte inferior se llamó calcetas o medias calzas. Las calcetas han ido reduciendo su tamaño hasta los actuales calcetines, que apenas llegan a la pantorrilla o los tobillos.

El caso es que esta prenda de vestir actualmente debe ser utilizada por la mitad de la población mundial, incluyendo niños y adultos. No me atrevo a asegurar que su uso sea general, ya que los pueblos africanos y desérticos, quizá por condiciones climáticas y tradicionales no las utilicen. Si la población llega a 6.670 millones de habitantes (para redondear) y suponiendo que la mitad de ella (3.335 millones) use calcetines, que vienen de a dos y que generalmente no tenemos un solo par sino que como mínimo y siendo muy austeros, tendremos 6 pares, esto hace la bicoca de 40.020 millones de medias.
De esos 6 pares de medias que usted tiene –o sea una docena de medias- siempre se le extravían, unas dos o tres. ¡No conozco una familia donde las medias que se meten a lavar no se pierdan! No me pregunten por qué, ya que no he logrado dilucidar ese misterio. Según las cuentas, de la docena ya faltan 3. ¡Ya se le quedaron descompletados sus pares de medias! A nivel poblacional, esto viene representando 30.015 millones de medias descompletadas, lo que significa que desaparecieron 10.005 mil millones. ¿A dónde fueron a parar ?

Realmente casi todos tenemos más de seis pares de medias. Precisamente porque se pierden, compramos más y más. Esas esposas previsoras compran a sus maridos, dos y hasta tres pares del mismo modelo y color, a sabiendas de que tarde o temprano, se desparejarán. Las de los chicos se compran por paquetones, todas blancas.

Lávelas a mano o en lavadora, siempre sufrirá este percance. Las metes en la lavadora, “cada oveja con su pareja” y cuando salen del lavado, ya están incompletas. Las buscas y buscas. Desarmas la lavadora, pues piensas que quedó atrapada en el filtro. ¡No hay caso! La cuestión parece una maldición bíblica. Dicen por allí que hay un reino mágico donde van a parar las medias desaparecidas, en espera de la llegada de su par. Muy romántica y simpática la cuestión. Pero dado que la fabricación y venta de calcetines es una negocio mayúsculo, se me ocurre más bien que de cada dos pares de medias que se vende, hay uno que trae –aleatoriamente- una del par elaborada de quién sabe que tipo de fibra mágica, que al entrar en contacto con el agua de deshace, se diluye y termina por desaparecer.


En la actualidad se han creado fibras –especialmente para atuendos deportivos- que repelen el agua, que mantienen fresco al usuario y no permiten la transpiración, tela que le permite broncearse parejo sin quitarse el traje de baño y novedades por el estilo. ¡La Dupont se esmera! Esa media que se esfuma, debe estar confeccionada con un material que tiene brujería. No hay otra explicación valedera.

Caracas, junio 2008

04 junio, 2008

¡ Muérdete la lengua..!







Hay un montón de frases u oraciones y decires de nuestra habla común, que me parecen sin sentido y usamos cotidianamente. Las damos por correctas, ciertas, justas y muy bien empleadas, pero a mi no me lo parecen tanto... ¿Y entonces, por qué lo decimos ?

Amor

Te amo con todo mi corazón.
Por qué la aclaratoria: Todo ¿Será que también se puede amar con la mitad o la cuarta parte de él ? Me gustaría saber por qué causa se escogió este y no otro órgano del cuerpo para estos menesteres. El corazón es un músculo corporal que no alberga ningún sentimiento. Hasta donde tengo sabido (pero siempre es mejor reconocer la infinita ignorancia que me atribuyo) los sentimientos y emociones se “albergan” en el cerebro. Gracias a los neurotransmisores y la amígdala cerebral y las hormonas y etcetc. Entonces deberíamos decir: ¡Te amo con todo mi cerebro! Pero como ese órgano es así como poco presentable, pues no. Tendrá que ser otro...
Tampoco parece muy poético decir que “Te amo con mi plexo solar” o el hara (estómago) donde según los budistas, se sienten o “pegan” las emociones. ¿Acaso nunca escuchó decir: “Me pegó en el estómago”, cuando algo lo impacta a uno ? o ¡Tengo un hueco en el estómago! Bueno, tenemos para escoger, según lo que sintamos y donde lo sintamos. Una última pregunta: ¿Cuando se hace un transplante de corazón también se transplantan los sentimientos ?

Tiene un gran corazón.
Denota ser muy bueno, muy caritativo, muy noble. Volvemos a lo mismo de antes. ¿Un corazón de tamaño normal, o un poco más pequeño no sirve? Las personas que viven en altas altitudes (valga la redundancia) tienen el corazón más grande que el resto de los mortales. Ergo: los bolivianos. ¿Será que ello son personas más bondadosas que el resto de los mortales ?

No me amas como yo a ti o No me amas como yo te amo.
¡Que perogrullada! El otro (o la otra) no me podría amar como yo lo (la) amo. Sencillamente porque él (ella) es una persona y yo soy otra. Cada quien expresas sus sentimientos de una manera o de otra.
Unos sienten, amor, dicha o dolor de una forma y otros de otra. Además ¿donde está el amorómetro que pueda medir la cantidad e intensidad del amor?

Se enamoró sólo como un pendejo.
Así nos enamoramos todos. Pendejamente, en solitario. Nadie se enamora acompañado. Como nadie odia acompañado. Enamorarse o amar es un acto de creatividad muy personal. Que luego alguien corresponda a ese enamoramiento, es otro asunto.

Llorar a lágrima viva.
Este sentimiento, generalmente acompaña al sufrimiento amoroso. No se usa cuando hay lágrimas de felicidad. Debe ser que cuando se llora de felicidad o emoción las lágrimas están muertas.

Vida

Le salvo la vida o Me salvaste la vida.

Falso de toda falsedad. ¡La vida no se salva! Que me perdonen los médicos y sin desmerecer su labor. Puede que nos pospongan la muerte y nos prolonguen la existencia por un lapso, pero salvar, salvar, no. Si una persona es rescatada de un grave accidente y “le salvan la vida” esa vez, si luego es operada de forma complicada y le vuelven a “salvar la vida”. ¡La vida es una sola! ¿Cuántas vidas tiene esa persona, para salvársela tantas veces?. ¡Tantas como un gato! Los que creen en la otra vida, entonces podrán también pensar que tienen varias y salvaran sus vidas tantas veces como sus almas transmigren –porque van a resucitar- o reencarna... ¡Jolines, tenemos vidas pa´regalá! Todos los seres vivientes, estamos sentenciados a muerte. Más tarde o más temprano.

Muerte

Murió de muerte natural.
Esta me parece muy risible. ¿Acaso hay una muerte artificial? Lo mas “natural” es morir, así que todos morimos naturalmente.

Murió lentamente.
Esta también es bien cómica. Uno no muere ni rápido ni lento. Puede que agonice, y tarde más o menos, pero morir muere en el instante que muere y . Con o sin apuro.

Vencer la muerte.
El o la que lo consiga, que nos pase el dato. Le estaremos agradecidos "de por vida".

El tiro de gracia.
¿Dónde está la gracia? Creo que más bien se aplica a la desgracia de ser fusilado. Mejor lo dejamos hasta aquí.

Amistad

Saludos cordiales.
Cuantas veces no hemos recibido un correo electrónico o una misiva, que concluye con esta frase. ¿Acaso hay un saludo que no sea cordial, amistoso? Si tenemos la intención de ofender o agredir a alguien, no le vamos a enviar un saludo. Si acaso le enviamos un : púdrete.

Salud

Me siento bien mal o Estoy bien mal.
Decídete o estas bien o estas mal (¿?)

Un mal golpe.
Las madres suelen decir: ¡Cuidado niño, te vas a dar un mal golpe! El niño debería preguntar: ¿Mamá, cual golpe es bueno?



continuará…


Caracas, junio 2008

18 mayo, 2008

¡Sorpresas te da la vida !




Los preparativos para la comunión de la niña, estaban bien adelantados. Esa mañana, madre e hija se levantaron temprano y salieron en busca de la coronita, los guantes y los zapatos; tenían que ser blancos, sencillos pero elegantes a la vez. Unas zapatillas con un tacón discreto, sin duda vendrían bien.

Pasada la mañana -ya habían comprado la coronita y los guantecitos- estaban exhaustas de recorrer locales y centros comerciales, sin encontrar calzado alguno que se pareciera a lo que tenían en mente. Cuando había el modelo, no había la talla o el precio era excesivo. Una determinante decisión las llevó a los comercios del centro de la ciudad. Probando suerte, entraron en una zapatería no muy lujosa. Era un local pequeño, aparentemente bien surtido. La pequeña se medió un modelo que se acercaba a lo deseado y decidieron adquirirlo. En ese preciso instante la niña requirió ir al sanitario... ¡Mamá no aguanto más! ¿Es pis ? No, lo otro.

El dueño del local rotundamente negó el acceso al sanitario. Además dijo, no está en condiciones para la niña. La madre tuvo una idea. Déme usted papel de periódicos, para colocarlos en el suelo; luego recogeré todo y me lo llevo. Así se hizo. La señora recogió todo, solicitó una bolsa plástica y allí colocó las excrecencias bien envueltas en el periódico. Cuando consigamos un basurero las echaremos, dijo a la niña... Cancelaron el importe de los zapatos. La señora colocó a buen resguardo las compras en su cartera. La colgó del hombro y la aseguró bajo la axila. Se quedó con la bolsa escatológica en la mano. Tomó a la chica del brazo y salieron a la vía. El tránsito estaba en su apogeo. Las calles atestadas de gente. Sorteaban los vehículos para poder atravesar...

Sintió el empellón y fue a dar de bruces al suelo. La niña quedó de pié desconcertada. Un motorizado que se coló entre los vehículos, le arrebató la bolsa de las manos y zigzagueante se perdió en el tránsito.




Caracas, 1998

Ilustración sacada de la WEB.

20 abril, 2008

Siempre a tu lado.





Caminaba lentamente por la alameda a la sombra de los eucaliptos. La placidez de aquel lugar reconfortaba su decaído ánimo. Se tomó todo el tiempo necesario, ya no había ninguna prisa por llegar a ningún lugar. Cuando fue tiempo de hacerlo, no lo hizo. Ahora Susana ya no podría escapársele. Ahora sí que no la compartiría con nadie.

Llegó a la tumba y se sorprendió al encontrarla excavada. No atinaba a entender que había sucedido. Miró a todos lados y no encontró a quién preguntar; alguien que le informara qué estaba sucediendo en ese cementerio... Al asombro sobrevino la rabia: ¡esto es el colmo! A paso rápido se dirigió a la administración del cementerio. El administrador, trató de calmarle la iracundia y lo conminó a sentarse en un mullido sillón. Sr. Domínguez, deje que le explique, por favor. Nada ha sido fortuito en este caso. No hubo equivocación alguna.

La hermana de la Sra. Domínguez, es decir de su difunta esposa, se apersonó en estas oficinas con una orden judicial, en la cual se solicitaba la exhumación del cadáver y su traslado a otra fosa. ¿Cómo dice usted ¿Mi cuñada, a la cual hace años no trato? ¿A otra fosa? ¿Acaso al panteón de la familia de mi mujer? Venga señor Domínguez, revisaremos los archivos en busca del expediente y podré informarle con más precisión.

Efectivamente, el cuerpo de la difunta por su expresa voluntad y según constaba en el acta judicial, debía ser trasladado al mes de su fallecimiento a la tumba del Señor Rodrigo Carreño, también difunto. Como verá usted Sr. Domínguez, a mí esta petición me pareció poco usual, más como su mujer murió en un accidente y la petición venía acompañada de una orden tribunalicia no tuve más que acatarla. ¿Acaso el Sr. Carreño, era su suegro?

No logró responder. Su rostro se demudó. Un rictus de rabia le transformó la cara. No se preocupe, le dijo al administrador. Gracias por su diligencia. Indíqueme en que sector queda esa tumba e iré hasta allá a colocar las flores. Efectivamente eso hizo. Se llegó hasta la tumba señalada. Encontró dos lápidas: en una rezaba Rodrigo Carreño (1955-2008) y a continuación decía: “siempre a tu lado”. En la otra con su nombre de soltera aparecían las señas de su mujer; Susana Piedrahita (1960-2008) y las misma frase: “siempre a tu lado”.

Rojo de ira gritó: ¡Carajo Susana, bien que me la hiciste! Batió las flores contra la lápida... ¡Me pusiste los cuernos hasta después de muerta!



Estepona, marzo, 2008
Ilustración sacada dela WEB.

09 marzo, 2008

Tiempo de lecturas.



No hay que elegir los libros por sus tapas
Entré en días pasados a una librería y comencé a ojear los volúmenes que estaban en exhibición. Vueltas y vueltas y no conseguía nada que me atrajera. Finamente, para no dejar sin saciar mis ansias de lectura, tomé un libro de Saramago, pensando que "más vale un bueno conocido que un malo por conocer ". Al menos iba sobre seguro.

El libro en cuestión, estaba empaquetado en su funda plástica, por lo que me era imposible conocer su contenido; amen que las tapas tampoco reflejaban mayor asunto. La trasera decía simplemente: “Déjate llevar por el niño que fuiste. Libro de los consejos.” Accedí y me dejé llevar…



Cuando llegue a casa y lo desenvolví, constaté que son las pequeñas memorias de la infancia del autor. No voy a negar la desilusión que esto me causó. ¿Qué me interesa a mi, la infancia de este señor; qué podrá contar de interesante ?, deduje un poco molesta y me puse a ojear las desvaídas fotos que incluye el volumen.

¡Craso error! Al llevar unas cuantas páginas leídas, me dije: ¡el que escribe bien, escribe bien lo que sea! Este modesto libro (179 páginas) es una delicia. José Saramago, con una franqueza asombrosa y sin intenciones de disfrazar la realidad para hacerla más literaria, cuenta admirablemente aquello que recuerda de su muy lejana infancia (anotemos que ya cuenta 86 años). La dura vida campesina en su aldea, las privaciones, las pocas alegrías, las anécdotas (su cambio de apellido y fecha de nacimiento, por un error burocrático), el amor y las enseñanzas que recibió sus abuelos maternos; las vivencias en fin, de un muchacho campesino en los duros años en el Portugal del dictador Salazar. En el librito hay episodios memorables y conmovedores de lo bien contado que están.

Leyendo estas pequeñas memorias (el título en cuestión es: Las pequeñas memorias, Algafuara, 2007) se pregunta uno si el destino no juega una suerte de presencia inexorable en nosotros. Según nos cuenta el narrador, proviene de una familia de labradores analfabetas. Su Padre, tenía una mediana instrucción y ocupó un mediano puesto burocrático. Su Madre no sabía ni leer ni escribir. Sus estudios no fueron más allá de una escuela técnica donde aprendió mecánica, puesto que la subsistencia apremiaba. A pesar de este panorama, desde el cual pudiéramos deducir –dadas las circunstancias tan adversas- que esta persona no llegaría nunca a recibir un Premio Nobel, la realidad de su prolífica obra, nos lleva a desmentir tan aventurado juicio.

El autor nos deja en suspenso e intrigados, por saber más acerca de cómo este pequeño, devino en el excelente escritor que es hoy en día. Habrá que estar pendiente de la continuación de estas memorias...


Caracas, marzo 2008

18 febrero, 2008

Como si...





Se aproximaron mediante una de esas pavosas cadenas, llenas de consejos almibarados para amar, vivir, rezar o lo que sea, que pasan por Internet. De allí en adelante comenzaron a chatear. Algunas veces con asiduidad, otras esporádicamente: el trabajo, la familia, los viajes, la cotidianeidad, conspiraban contra ellos, pero nunca dejaron de comunicarse. Terminaron por habituarse el uno al otro, a pesar de no coincidir en gustos e intereses.

Cada cual creía que necesitaba al otro. Cada uno creía comprender al otro, tanto así que las explicaciones eran pocas y se daban por aceptadas. Se asumía el pensamiento y sentimiento del otro, de acuerdo a lo que estuviesen deseando escuchar o sentir.

El tiempo alargó el juego del como si... Como si me entiendes, como si me necesitas, como si me amas, como si eres único, como si fornicamos, como si peleamos, como si somos el uno para el otro. La multiplicidad de vivencias reales y separadas se experimentan conjuntamente en el como si.
Y decidieron pasar a los hechos y encontrarse. Te espero el día tal, a tal hora, en tal sitio. Ambos fueron y no se encontraron. Como si no llegaron a reconocerse…
Caracas, febrero 2008
Ilustración sacada de la WEB.

05 febrero, 2008

El infierno es la vejez.



El más intolerable y antiheroico de los mitos higiénicos, principal avasallador de nuestra modernidad, es el de la vejez sana y activa como fin supremo de la vida”. Savater

escuché decir al actor Sean Connery: ¡La vida es una bella obra, pero el tercer acto es una mierda! y si lo dice él –el inveterado 007- que quedará para el resto de los mortales. Otros que tenían razón eran los griegos para quienes los elegidos de los Dioses morían jóvenes. En definitiva la vida -o el Creador que supuestamUna ancianita muy sabia me dijo un día, ¡El infierno es la vejez! Cuanta razón tenía. Yo eso del cielo y purgatorio no lo creo pa ná, pero en el infierno sí porque se vive aquí mismito en la tierra. Yo me di cuenta que envejecí, no por las celebraciones de los cumplesiglos sino porque comencé a tomar un pastillero horroroso. La vejez transcurre en recordar cuales pastillas y a cual hora tomar: para la dispepsia, para la flebitis, para el climaterio, para el corazón, para la próstata (si no se ha extirpado todavía), para la artritis y ¡hay coño!, se me pasó la capsula de la tensión… o sea que el riego también falla. Por más bien que uno pretenda sentirse, no le faltará un achaque.

Después de pasar la cincuentena, preocúpese si no le aqueja algún dolor. ¡Significa que está muerto! La vida te cobra carísimo por unos años más de permanencia terrenal. Creo que en ese aspecto hubo una falla de diseño: la juventud es corta y la vejez muy larga... No costaba nada mejorarlo y permitirte vivir más y mejor, física y mentalmente. No le veo la gracia a estar tanto tiempo por aquí, convertido en vegetal: ocupando espacio y consumiendo el aire de otros más jóvenes y que le sacarán mejor provecho. No hay ejercicios, cirugías plásticas, hobby, ni tratamiento que valga. Es como una lechada que siempre se desteñirá: la belleza pasa, pero la silicona queda. Se remoza el exterior y la procesión va por dentro. Por allí hay mucha vieja y viejo con el carapacho parapeteao, pero en cuanto hablan no logran hilar una oración completa, lo que sutilmente denota que son unos
carcamales... Ningún ser viviente trasciende a su organismo, éste acaba por vencerlo. Si lo sabrán los médicos que nos aplican sus paliativos, para hacer un poco menos cuesta arriba el envejecimiento: sueros rejuvenecedores, oxigenación de la sangre, tratamiento de la Dra. Aslam, dietas bajas en calorías y pare usted de contar. Ahora se llaman médicos anti-aging. Cuando mis abuelitos se les decía geriatras.

Las únicas ventaja que le veo a llegar a eso que ahora se ha dado en llamar eufemísticamente tercera edad o juventud prolongada, son que como ya estás medio sordo, no escuchas todas las pendejadas que habla la gente; que pagas medio pasaje, medio ticket en el cine y los espectáculos; que no te calas una cola y te puedes colear en todas partes con tu cara muy lavada y arrugada. Eso, si no eres de esos tontos que se les ve el chuchumeco a la legua, pero prefieren una cola abusiva antes de confesar su verdadera edad.


Hasta ahora el único placebo que funciona para soportar y sobrellevar medianamente lo valetudinario, es el buen humor. Asumir el barranco, burlarse de uno mismo y cometer las locuras que antes no te permitiste: por ejemplo, si aún te aventuras a manejar y algún asomaó en la cola te grita: ¡Vieja quítate del medio! Bájate, le das dos tiros y te largas muy oronda que viejo no paga cárcel.

Cuando algún amigo te consiga por la calle y te diga ¡Que bien te conservas! cuidado, no es un halago. Lo que te dice es que pareces que estuvieras en formol. Recuerda que eso jamás se le ocurrirá decírselo a una moza o mozo... Finalmente, para desquitarte de un enemigo -que te haya jugado una trastada- nada de venganzas, sólo deséale que llegue a viejo.

¡La vida es asin!


Caracas, agosto 2007
Iustracion: Quino

09 enero, 2008

Tiempo de lecturas.



Lo real maravilloso

Quien haya escuchado a Alejo Carpentier puede considerarse que ha tenido uno de los mayores privilegios de su vida, no solo por la amenidad del interlocutor sino y sobre todo, por esa fineza de su lenguaje capaz de traducir emociones y vivencias, erudición y realidades, como un verdadero diálogo aunque todos fuésemos
conscientes de ser el escenario para su espléndido soliloquio


Esta cita la encontré en un reportaje de la página web. El castellano, me trae a la memoria que yo tuve tal privilegio...¡y cuantos! Resulta que mi padre, periodista y escritor, tenía entre sus amistades a hombres de la talla de Alejo Carpentier entre muchos otros intelectuales. Era frecuente en casa o en la casa de otros amigos, que se formaran tertulias culturales, donde se trataban entre muchos temas: arte, religión, música, política y cultura en general. Mi mente infantil no captaba a cabalidad toda la enciclopedia verbal que escuchaban mis oídos, pero el sólo hecho de estar allí habría en mi mente otros horizontes. Fue así como conocí a los Carpentier: Alejo, Lilia su mujer y Madame Valmont, madre del escritor, que vinieron a recalar a estas tierras y aquí permanecieron por varios años.
Madame Valmont - para ese entonces a mi me parecía una tanagra sacada de un museo- me dio mis primeras lecciones de francés. Otro recuerdo anecdótico que tengo de ese entonces, era la larguísima boquilla en que fumaba Lilia, toda afrancesada ella, aunque nacida en Cuba. ¡Me parecía el summun de la elegancia! Don Alejo, aparte de escribir reseñas periodísticas, cuentos y novelas, era musicólogo y cultísimo. Ahora evoco que con el “tío” Eduardo Lira Espejo, un chileno talentoso que vivió entre nosotros -también musicólogo- disertaban y a veces se enfrascaban en melodiosas discusiones musicales. Carpentier arrastraba las erres acentuada y guturalmente, imagino que por su formación francesa. Ese acento no lo perdió jamás.

Luego con el correr de los años y el conocimiento de su trabajo literario, he podido ir armando el rompecabezas que lo escuchado me dejó. No puedo dejar de citar: El recurso del método, El siglo de las luces y uno de mis cuentos preferidos, Concierto barroco -fue el iniciador de aquello que dio en llamarse años después con el boom literario latinoamericano de los 60, lo real maravilloso o el realismo mágico- aparte de convertirse en uno de mis escritores preferidos, su presencia se vivifica en sus textos y en mi memoria.









Caracas, enero 2008

08 enero, 2008

Vendetta.





La paz conyugal no duró mucho para Juancho. No atinaba a comprender cómo a causa de sus celos, la luna de miel se le iba convirtiendo de a poco en luna de hiel. En una oportunidad pescó a Rita infraganti en una cafetería, cuando supuestamente cumplía su horario de trabajo. Esto lo desosegó más. Para terminar de una vez por todas con tanta zozobra y angustia, optó por contratar un detective privado. ¡ Sígala y no me oculte nada !

Las pesquisas y los reportes eran cada vez más descorazonadores para Juancho. El último informe fue contundente. Su mujer le miente, los miércoles trabaja medio turno. Efectivamente, Rita se entendía con el gerente de la empresa. El detective recabó todos los datos necesarios: lugares de encuentro, horarios y fotos. Todo este panorama lo impulsó a tomar una determinación. Despidió al detective luego de cancelarle sus emolumentos. Se tomó la tarde libre para constatar todos los datos: dirección de la casa del jefe, nombre de su esposa y otras señas muy precisas. Tomó notas y regresó a su casa. En la noche a la llegada de su mujer, no hubo mayores cambios: cenaron, vieron los noticieros de la TV y se acostaron.

A la mañana siguiente Rita salió primero como de costumbre. Juancho se quedó rezagado con su desayuno. Se levantó de la mesa. Cogió una maleta grande, colocó dentro todos los bártulos y potíngues de Rita. Metió hasta sus recuerdos, para estar bien seguro de no arrepentirse. Leyó por última vez el informe del detective. Seguidamente arrancó la primera página donde aparecían sus señas, introdujo el informe en la maleta y la cerró. Llamó un taxi y entregó todo al chofer : Lleve esto a la dirección señalada. Pregunte por la señora de la casa y entréguele esta maleta…
Caracas 2000